Las inercias de género atraviesan horizontalmente las fronteras

Un menor entre dos placas culturales. El juez dice que para la madre.

... un día pensé en tirarme por la ventana...
Sí, porque estaba harto; fue una vez. No quería vivir... porque esa Religión…
A mí … Me cortaron la pilila.

PERCEPCIÓN DE LA RELACIÓN MATERNO-FILIAL.

El menor le reprocha a su madre las siguientes conductas y actitudes contra él:

  • Mi madre me pega y me insulta… y es mala. Me pega muchas veces y me insulta todos los días...;
  • El insulto que más me dice es mierda, en marroquí (se dice “jráa”)...;
  • Me llama cristiano, hijo de cristiano, mierda, gilipollas, basura y caca; y más insultos. Normalmente, me los dice en marroquí, pero también en español...;
  • Me llama burro...;
  • Me llama cabrón...;
  • Me dice que me arrancará la cabeza y los dientes...;
  • Me pega puñetazos y patadas y pellizcos... Me pega con la mano en la cara y puñetazos en la cara y en la espalda y en la pierna... Me pega puñetazos, con el puño cerrado y también patadas;
  • Me ponía granos de pimienta en el culo para que recogiera mi habitación y para que leyera el Corán...;
  • A veces me dice que me va a llevar a Marruecos para que no vea a mi padre nunca más...;
  • Llama cabrón a mi padre y también hijo de puta... También insulta a mi abuela y a mis primos y les dice gilipollas y locos...;
  • Un día me dijo que me iba a matar y que me iba a tirar por la ventana...;
  • Me pega si no leo el Corán...;
  • Por su culpa me cortaron la pilila...

El menor manifiesta que un amigo de su madre –lo nombra Mustafá- también lo ha agredido en alguna ocasión:

  • Psicólogo: ¿Quién te insulta?
  • Menor: Mi madre y algunas veces Mustafá.
  • Psicólogo: ¿Mustafá te pega también?
  • Menor: Él también algunas veces; la mamá más veces.
  • Psicólogo: ¿Por qué te pega Mustafá?
  • Menor: Igual que la mamá, no lo sé. Él no me pega de repente. Él me pega cuando no leo El Corán.

Las manifetaciones verbales del menor revelan una conflictiva relación con su progenitora, a la cual califica exclusivamente con términos negativos:

  • Es mala...;
  • Es mala conmigo y no me quiere...;
  • Es mentirosa..;
  • No tiene buen corazón...;
  • Insulta, miente, es mala y pega...;
  • A mi madre le gusta pegarme...

 Contestaciones relevantes del menor a los ítems del cuestionario TAMAI.

ÍTEM 2.- Me gustaría nacer de nuevo y ser distinto de cómo soy.

Menor: Sí, porque mi madre me pega.

Psicólogo (P.): La pregunta es si a ti te gustaría ser de otra manera.

Menor: No.

Psicólogo: Estás contento de cómo eres, pero no de la manera en que vives, ¿es eso?

Menor: Sí.

 ÍTEM 4.- Pienso mucho en la muerte.

Menor: No,   porque aún falta mucho para eso... Pero un día pensé en tirarme por la ventana... Sí, porque estaba harto; fue una vez. No quería vivir...

Psicólogo: ¿Qué es lo que hacía que estuvieras harto, Menor?

Menor: Mi madre...

ÍTEM 11.- Me asusto y lloro muchas veces.

Menor: Sí, cuando me pega mi madre… y me insulta.

 ÍTEM 15.- Muchas veces siento pena y lloro

Si, porque estoy triste. Por mi madre, porque me pega y me insulta… y es mala. Me pega muchas veces y me insulta todos los días.

Psicólogo: ¿Qué insultos te dice?

Menor: Pues el que más me dice es mierda, en marroquí se dice “jráa”.

Psicólogo: ¿Por qué te dice eso tan feo?

Menor: No lo sé. Yo creo que es porque es mala. Bueno, es que es mala.

Psicólogo: ¿Tú no ves una relación entre tu comportamiento y que te insulten?

Menor: No.

Psicólogo: Cuéntame la última vez que te sucedió eso.

Menor: Antes de ayer… No me acuerdo de por qué pasó pero lo hizo.

Psicólogo: ¿Te portes cómo te portes siempre te insulta y te pega?

Menor: Sí, siempre.

Psicólogo: ¿Cómo te pega?

Menor: Pues pegando puñetazos o mejor dicho, ¿cómo se dice esto?

(El psicólogo invita al niño a escenificar la escena para esclarecer el tipo de golpe. El niño abre la mano y hace el ademán de golpearse con la palma de la mano en la cara.)

Psicólogo: ¿Bofetadas?

Menor: Sí, en la cara, así   pero fuertes.

Psicólogo: ¿Por qué razón, te pide que hagas algo y tú desobedeces?

Menor: Antes si no leía El Corán me pegaban.

Psicólogo: ¿Cuánto rato y cuándo te obligan a leer El Corán?

Menor: Cuando no me lo espero me lo dicen. Unos días no lo hacen, y otros cuando no me lo espero, lo hacen para fastidiar.

Psicólogo: Lo hacen, ¿Quiénes te lo hacen?

Menor: Mi madre y uno que se llama Mustafá.

Psicólogo: ¿Quién es Mustafá?

Menor: Un amigo de mi madre.

Psicólogo: ¿A ti no te gusta leer El Corán?

Menor: No porque esa Religión… A mí … Me cortaron la pilila.

Psicólogo: ¿Qué pasó?

Menor: Que esa religión me cortaron la pilila...

Psicólogo: Cuándo te lo hicieron?

Menor: Creo que a los 6 años.

Psicólogo: ¿Qué pasó después de la operación?

Menor: Me dio angustia la “anestesia”... Al principio no lo sabía. Cuando fui a hacer pis vi que la tenía cortada.

Psicólogo: ¿No te habían dicho lo que te iban a hacer; cuándo te diste cuenta qué pasó?

Menor: No me acuerdo porque eso fue a los 6 años, ya hace tiempo.

Psicólogo: ¿Por qué más te pegan?

Menor: Por lo del Corán y porque ellos quieren.

Psicólogo: ¿Qué más cosas no te gustan?

Menor: Pues que me peguen, que me insulten y que sean malos.

Psicólogo: ¿Insultos son que te llamen “mierda” en marroquí?

Menor: Mierda, gilipollas, basura y caca; y más insultos.

Psicólogo:¿ En árabe y en español?

Menor: Más en árabe.

Psicólogo: ¿Quién te insulta?

Menor: Mi madre y algunas veces Mustafá.

Psicólogo: ¿Es tu madre quien te pega?

Menor: Mustafá también. Él también algunas veces; la mamá más veces.

Psicólogo: ¿Por qué te pega Mustafá?

Menor: Igual que la mamá, no lo sé. Él no me pega de repente. Él me pega cuando no leo El Corán.

Psicólogo: ¿Y a ti no te gusta leer El Corán?, ¿Por qué?

Menor: Por lo que te he dicho antes. Porque esa religión me cortaron la pilila...

Psicólogo: ¿Por qué no te gustó?

Menor: ¡Porque me cortaron! Me cortaron esto, y después me quitaron la funda esa que lleva, y lo rosa eso que está dentro me lo cosieron y me quitaron la funda esa.

Psicólogo: ¿Te gustaba más como estabas antes?

Menor: Sí.

Psicólogo: ¿Tú has tenido momentos buenos con tu madre alguna vez, juegas con ella?

Menor: (El niño guarda silencio)

ÍTEM 17.- La vida muchas veces es triste.

Menor: Sí.

ÍTEM 18.- Hay veces que me cuesta concentrarme en lo que hago.

Menor: Sí

ÍTEM 19.- Algunas veces tengo ganas de morirme.

Menor: Sí.

ÍTEM 20.- Suelo sentir molestias y dolores en todo el cuerpo.

Menor: Algunas veces me duele el corazón. Me dan como chispazos.

ÍTEM 61.- Creo que soy bueno, guapo, listo, trabajador y alegre.

Menor: Bueno, normal, listo, trabajador y triste.

ÍTEM 62.- Casi siempre estoy alegre.

Menor: Casi nunca; sólo cuando estoy con mi padre.

ÍTEM 66.- Creo que soy una persona tranquila y sin preocupaciones.

Menor: No, sí tengo preocupaciones: que mi madre me pegue.

Psicólogo: ¿Cuándo te pegan?

Menor: Todos los días no. Como si fuera un día sí y otro no.

ÍTEM 76.- Todo el mundo me quiere.

Menor: No.

Psicólogo: ¿Quién no te quiere a ti?

Menor: Pues mi madre y más gente que no sé quien es.

ÍTEM 77.- Soy una persona muy feliz.

Menor: No.

ÍTEM 105.- Siempre, siempre, digo la verdad.

Menor: Sí porque si mientes te agobias y es malo mentir. Es mejor decir la verdad siempre...

ADAPTACIÓN FAMILIAR Y PERCEPCIÓN DE LOS ESTILOS EDUCATIVOS PATERNO Y MATERNO.

   

TRANSCRIPCIÓN:

ÍTEM 118,119.-   Me quiere mucho:

     MI PADRE: Sí.

     MI MADRE: No.

Psicólogo (P): ¿En qué notas que tu madre no te quiere mucho?

Menor: Pues en que es mala conmigo.

Psicólogo: ¿Qué tendría que hacer o dejar de hacer para no ser mala?

Menor: Pues no mentir, no pegar y   no insultar y tener buen corazón.

Psicólogo: ¿En qué notas que tu padre es bueno contigo, que te quiere mucho?

Menor: Porque que es amable, y me quiere mucho porque no me insulta ni me dice palabrotas.

Psicólogo: ¿Tu padre te trata muy bien?

Menor: Sí.

Psicólogo: ¿Y tu mamá?

Menor: No.

120,121.- Me anima a hacer las cosas

      MI PADRE: Sí

     MI MADRE: No

122,123.- Me castiga o me riñe pocas veces, sólo cuando es necesario

     MI PADRE: Sí

     MI MADRE: No, siempre; cuando ella quiere.

124,125.- Me deja actuar a mí solo; tiene confianza en mí

     MI PADRE: Sí

     MI MADRE: No

126,127.- Está muy pendiente de mí, preocupado por lo que hago, por mi bienestar

     MI PADRE: Sí

     MI MADE: No

128,129.- Suele estar con miedo de que me pase algo

     MI PADRE: Sí

     MI MADRE: No

130,131.- Me ayuda demasiado en lo que tengo que hacer

     MI PADRE: Me ayuda a lo que yo no llego, lo que no entiendo.

     MI MADRE: Es que no lo entiende.

132,133.- Se preocupa de lo que he hecho y con quién he estado

     MI PADRE: Sí

     MI MADRE: No

134,135.- Me defiende contra todos los que me hacen algo

     MI PADRE: Sí

     MI MADRE: No lo sé.

136,137.- Me deja hacer todo lo que yo quiero

     MI PADRE: Lo que debo hacer

     MI MADRE: Sí

138,139.- Le hace gracia lo que digo o hago

     MI PADRE: Sí

     MI MADRE: No lo sé.

Psicólogo: Si por ejemplo sacas un 10 en matemáticas ¿cómo reacciona tu papá?

Menor: Pues me da un besito.

Psicólogo: ¿Cómo reacciona tu mamá?

Menor: Pues normal, como siempre…, nada.

144,145.- Llorando o enfadándome consigo siempre lo que deseo

 Menor: Yo no hago eso.

146,147.- Siempre me está llamando la atención

     MI PADRE: Sí

     MI MADRE: Sí

150,151.- Me exige y me controla todo lo que hago

     MI PADRE: Me   dice lo que tengo que hacer.

     MI MADRE: Sí

152,153.- Todo lo que hago parece que está mal

     MI PADRE: No, lo que hago mal.

     MI MADRE: No lo sé.

154,155.- Se enfada por cualquier cosa que hago

     MI PADRE: No    

     MI MADRE: Es que no hago cosas malas. Siempre está furiosa.

156,157.- Me hace poco caso cuando hablo

     MI PADRE: Me hace caso cuando (47:05)

     MI MADRE: Sí

158,159.- Habla poco conmigo

     MI PADRE: No mucho.  

     MI MADRE: Sí

162,163.- Se preocupa poco por mí

     MI PADRE: No

     MI MADRE: Sí

164,165.- Muchas veces siento que me tiene abandonado

     MI PADRE: No

     MI MADRE: Sí

166,167.- Me suele pegar muchas veces

     MI PADRE: No    

     MI MADRE: Sí

Psicólogo: ¿Siempre te pega con la mano?

Menor: Antes me pegaba puñetazos.

Psicólogo: ¿Qué es un puñetazo para ti?

Menor: Pues esto (el niño hace el gesto con el puño cerrado)

Psicólogo: ¿Dónde te pegaban?

Menor: Antes; aquí, en la boca. Me hacían sangre.

168,169.- Siempre me está chillando

     MI PADRE: No

     MI MADRE: Casi siempre

170,171.- Me quiere poco

     MI PADRE: No, me quiere mucho.

     MI MADRE: Sí

172,173.- Es serio conmigo

     MI PADRE: Normalmente sonríe.

     MI MADRE: Normalmente no sonríe.

174,175.- Me tiene manía

     MI PADRE: No

     MI MADRE: Sí


TEST DEL DIBUJO DE LA FAMILIA>

El test se completa con una serie de preguntas que reproducimos, a continuación, con las contestaciones del Menor:

- Psicólogo: ¿Quién es el más bueno de todos los personajes que has dibujado?

- Menor: El más bueno es mi padre...

- Psicólogo: ¿Quién el menos bueno?

- Menor: Mi madre, porque es mala...

- Psicólogo: ¿A quién prefieres tú?

- Menor: A mi padre y a mi tía y a mis primos...

- Psicólogo: ¿A quién te gustaría parecerte?

- Menor: A mi padre (señalándolo)

- Psicólogo: ¿Quién quiere más a éste (señalando al niño en el dibujo)?

- Menor: Mi padre es el que más me quiere y más me cuida...

- Psicólogo: Ahora todos se quieren ir a un viaje... Pero hay uno que se tiene que quedar porque no caben todos en el coche. ¿Quien se queda y no va al viaje?

- Menor: Rabiaa, mi madre...


  ENTREVISTAS INDIVIDUALES SEMI-ESTRUCTURADAS CON EL MENOR (14/6/06 y 27/9/06).

SOBRE LA COTIDIANIDAD.

El menor describe, en estos términos, un día suyo normal:

Psicólogo: ¿Cómo es un día normal de tu vida, cuando no estás con tu padre?

Menor: Pues que llego a casa mi madre me insulta y ya está.

Psicólogo: Vamos a empezar desde el principio, ¿a qué hora te levantas?

Menor: Yo siempre me despierto a las siete menos cuarto.

Psicólogo: ¿Te despiertas tú solo?

Menor: Me despierto yo solo, yo me duermo y automáticamente lo máximo que me despierto es a las ocho.

Psicólogo: Luego que haces.

Menor: Cojo un pantalón y unos calcetines, me los pongo y pongo el televisor. Cojo el desayuno, después de desayunar me pongo la camiseta, después los zapatos, -antes de eso me pongo las zapatillas de andar por casa- y me lavo los dientes.

Psicólogo: ¿El desayuno quién lo hace?

Menor: Son yogures, me lo pongo yo.

Psicólogo: ¿Y tu mami dónde está en todo este tiempo?

Menor: Durmiendo; se despierta y después se va a la cama y duerme otra vez, se queda hasta un poco antes de ir al colegio. Y yo   voy a las nueve menos diez al colegio.

Psicólogo: ¿Te lleva alguien al colegio?

Menor: Me lleva ella. El colegio está muy cerca.

Psicólogo: Cuando ves a tu madre por las mañanas, ¿qué le dices?

Menor: Yo, bueno…le digo hola porque la estoy viendo todo el día.

Psicólogo: ¿Comes en el colegio o comes en casa?

Menor: Yo como en el colegio.

Psicólogo: Cuando sales del colegio por la tarde, ¿qué haces?

Menor: Me voy al parque con mi madre   y después   voy a casa. Me recoge ella del colegio y después voy al parque. Después voy a casa, meriendo, hago los deberes y   me bajo al patio.

Psicólogo: ¿Quién te ayuda a hacer los deberes?

Menor: Los hago yo solito.

--Psicólogo: Si tienes alguna duda haciendo los deberes, ¿a quién se lo preguntas?

Menor: Mi madre no lo sabe. Si tengo una duda aquí (casa del padre) se lo pregunto a mi padre. Cuando estoy en esta casa se lo pregunto. Cuando tengo una duda en la otra casa me lo dejo en blanco y lo corrijo después.

Psicólogo: ¿No puedes llamar por teléfono a tu padre para que te ayude?

Menor: (El niño guarda silencio)

Psicólogo: ¿Qué haces a la hora de acostarte?

Menor: Yo me suelo duchar a las siete. Me ducho yo solo.

Psicólogo: ¿Tu madre te prepara la cena, cenáis juntos?

Menor: Sí, y algunas veces yo sólo en mi habitación. Porque ella quiere ver unas cosas en la tele y yo quiero ver otras...

El menor no se limita a relatar este tipo de conductas y actitudes sino que las concreta y contextualiza ajustándolas dentro de episodios determinados.

Así describe situaciones muy definidas donde se han producido episodios donde ha sido víctima de insultos y agresiones físicas:

  • Durante la entrevista mantenida el día 27/9/06 narra lo siguiente:

Menor: Ayer, me pegó una patada. En mi habitación, por la noche me iba a dormir, iba a sentarme en la cama. Vino ella y me pegó en la pierna...

Psicólogo (P): ¿Por qué te pegó, no te explica nada?

Menor.: No lo sé, no...

Psicólogo: ¿Tú por qué crees que te pega, habías hecho algo?

Menor: Porque ella es mala...

Psicólogo: ¿Qué pasó después, qué hicisteis?

Menor: Yo me fui a dormir y ella se fue y cerró la puerta...

Psicólogo: ¿Y tú qué pensabas?

Menor.: Es natural de ella...

Psicólogo: ¿No le preguntas por qué te pega?

Menor: no, porque si no me pegará más...

También, en la misma ocasión, refiere que durante las vacaciones de verano la madre le pegó en una pierna y le quedó una moradura de la supuesta agresión:

Menor: Fue en Marruecos, en una habitación... Había más gente... Estaba la familia de Marruecos... Me pegó en la pierna izquierda, creo que una patada...

Psicólogo: ¿Te ha vuelto a pasar más veces que te haya pegado tu madre?

Menor: Sí.

Psicólogo: ¿Por qué te pego, te dijo algo, por qué actúa así tu madre?

Menor: Porque a mi madre le gusta pegarme...

Psicólogo: ¿Lo pasaste mal en alguna otra ocasión en Marruecos?

Menor: Sí, muchas veces porque ella me pegaba...

Psicólogo: ¿Eso te parece normal?

Menor: Me parece normal de ella porque ella es mala.

Psicólogo: Si tu mamá se levanta de repente y te pega ¿no te sorprende?

Menor: No porque es natural de ella. Me suele pegar por la noche.

Psicólogo: ¿Nunca le preguntas por qué te ha pegado?

Menor: No porque me pegaría, me insultaría y me escupiría...

Psicólogo: Si tu padre se levanta y te pega una torta... ¿Te extrañaría, le preguntarías por qué?

Menor: Sí, me extrañaría y le preguntaría.

Psicólogo: ¿Pero en tu madre no?

Menor: No, porque ella es así...

Refiere episodios anteriores, más lejanos, donde era víctima de violencias por no ajustarse a las exigencias religiosas maternas:

Psicólogo: La otra vez me hablaste de que cuando estabas con tu mamá tenías que rezar o estudiar…

Menor: Que me pegaba si no rezaba y leía El Corán.

Psicólogo: Dices que te pega frecuentemente... ¿Por no leer El Corán o por otros motivos?

Menor: Normalmente por lo del Corán.

Psicólogo: De qué otras maneras intentan obligarte a leer El Corán.

Menor: Pues diciendo si no lees El Corán –lo mínimo que me dicen es un minuto-   no miras la tele, ni bajas al patio, ni bajas bajo –que tengo un vecino que es amigo- ni juegas a la Play Station, ni a nada. Y me quedo todo el día en la cama...

Psicólogo: ¿Eso ha vuelto a suceder?

Menor: Estas vacaciones sí. A ella le gusta cuando llegan las vacaciones, hacerme así y así y decírmelo y   pegarme si no rezo y leo El Corán...Me pegaba si no leía El Corán o rezaba. Me pegaba y me castigaba de todo, no podía hacer nada, sólo estar en mi habitación aburrido... Una vez me castigó todo el verano sin tele... Otra vez me echó pimienta en el culo y en la boca, me cogió un montón y me la metió cuando tenía 6 o 7 años. Después de un rato te picaba mucho... Me enjuagué la boca con agua...

Psicólogo: ¿Cómo son los granos de pimienta?

Menor: Pues eran bolitas rojas.

Psicólogo: ¿Qué pasa si te ponen eso en el culo?

Menor: Que me picaba mucho; y me pusieron también en la boca.

Psicólogo: ¿Eso por qué fue?

Menor: Porque no leí El Corán.

Psicólogo: ¿De eso hace mucho?

Menor: Era cuando tenía entre cinco y seis años.

Psicólogo: ¿Te hizo llorar eso?

Menor: Casi, casi. Me escocía.

Psicólogo: ¿Quién te los puso?

Menor: Mi madre.

Psicólogo: ¿En la boca también te los puso?

Menor: Sí, y los de la boca también me entraron en la nariz. Cuando me los puso en la boca me entraron en la nariz porque me ponía un puñao (sic).

Psicólogo: Los del culo ¿cómo te los puso?

Menor: Pues metiéndolos

Psicólogo: ¿Cómo te los quitaste?

Menor: Yo no me los quité, me aguanté. Y los de la nariz me los quité, claro...

Psicólogo: ¿Te lo hicieron más veces?

Menor: Un día me lo hicieron. Por no leer El Corán y por no recoger la habitación...

Tras estos relatos que el menor ofrece, planteamos el siguiente diálogo con Menor:

Psicólogo: ¿Te consideras un niño feliz?

Menor: No, triste...

Psicólogo: De 0 a 10 ¿qué nota le pondrías a la tristeza que sientes?

Menor: Un nueve y medio... Porque lloro muchas veces...

Psicólogo: ¿Qué te hace llorar?

Menor: Qué ella sea mala, que antes era buena y ahora se ha hecho mala. Cuando era pequeño, cuando tenía 5 años se hizo mala. No sé que le pasó...

Psicólogo: ¿Por qué lloras?

Menor: Porque me pega puñetazos, con el puño cerrado y también patadas.

Psicólogo: ¿Cuándo te ha pegado la última vez?

Menor: Ayer, ya te lo he contado... Me pegó una patada cuando estaba en mi habitación y me iba a dormir...

Psicólogo: ¿Notas que te quiere, te da besos, te dice cosas bonitas alguna vez…?

Menor: No, casi nunca...

Psicólogo: Todos tenemos cosas buenas y malas ¿Me puedes decir alguna cosa buena de tu mamá?

Menor: No, es que no sé...

Psicólogo: ¿Es guapa tu mamá?

Menor: No lo sé...

Psicólogo: Cuando estás con ella ¿algún momento buenos pasarás, no?

Menor: No... Sólo cuando estoy sólo...

Psicólogo: Y cosas no buenas ¿qué podemos decir?

Menor: Pues cuando me pegó en la pierna fuerte este verano... Pues que insulta, miente, es mala y pega.

Psicólogo: ¿Por qué es mala?

Menor: Eso yo no lo sé; eso no se puede saber.

Psicólogo: ¿En qué notas que es mala?

Menor: En la cara, en que miente y pega.

Psicólogo: Cuéntame alguna mentira que hayas descubierto.

Menor: Pues cuando me dice que los juguetes a mí me desaparecen y un día fuimos a Marruecos y los encontré en Marruecos en una casa de la familia. Se los había regalado a una prima mía de Marruecos. No me gustó porque sólo eran míos, eran mis preferidos.

Psicólogo: ¿Qué juguetes eran?

Menor: Era cuando era pequeño, claro. Era un camión con coches dentro.

Psicólogo: Si tuvieras que decir cosas buenas de tu madre ¿qué me dirías?

Menor: (silencio) No se me ocurre ninguna...

Psicólogo: ¿Qué hiciste con tu madre este verano?

Menor: Pues irme a Marruecos y ya está.

Psicólogo: ¿Jugaste con otros niños?

Menor: No.

Psicólogo: ¿Qué hacías Marruecos?

Menor: Hacía los deberes y leía. Tenía algunos juguetes y jugaba.

Psicólogo: ¿Tu madre jugaba contigo?

Menor: No, jugaba solo.

Psicólogo: ¿Lo pasaste mal en alguna otra ocasión en Marruecos?

Menor: Sí, muchas veces porque ella me pegaba.

Psicólogo: ¿Qué recuerdas de bueno de ese viaje?

Menor: Pues no sé…

Psicólogo: Si tuvieras todo el poder del mundo, una varita mágica, ¿Qué cosas cambiarías en tu vida?

Menor: Pues en que mi madre no fuera mala, que todo el mundo fuera bueno, que no hubiera ladrones ni guerras y que todo el mundo viviera para toda la vida. Pero que no naciera nadie más porque sino nos amontonaríamos. Que no hubiera emigrantes y que aunque no comieran no se murieran.

Psicólogo: Cómo sería para ti tu madre ideal.

Menor: Muy buena, cariñosa.

Psicólogo: Cómo sería un día con tu madre ideal, tu madre bajo el influjo de tu varita mágica.

Menor: Me despierta, me prepara el desayuno, me lo como y me visto; me acompaña al colegio y después de salir del colegio vamos al parque; me acompaña a casa y no me insulta y me ayuda a hacer los deberes; y después bajo al patio, y después ceno y me voy a dormir...

PERCEPCIÓN DE LA RELACIÓN PATERNO-FILIAL.

El menor describe positivamente a su padre (es bueno; cariñoso; me cuida bien; me ayuda a hacer los deberes; me riñe pero con razón...).

El siguiente diálogo es, a nuestro entender, suficientemente representativo de las percepciones, opiniones y deseos del menor:

Psicólogo: ¿Cuándo ves a tu papá?

Menor: Todos los miércoles y un fin de semana sí y otro no.

Psicólogo: ¿Esta situación te gusta?

Menor: No, me gustaría estar sólo con mi padre.

Psicólogo: ¿Quién te ayuda a hacer los deberes?

Menor: Mi padre, porque mi madre no sabe.

Psicólogo: Cuéntame cómo han sido las vacaciones con tu padre...

Menor: (El niño habla entusiasmado) Pues las primeras vacaciones me fui a Dinamarca y primero fui a un sitio que se llama Legolandia y después me fui a Copenhague. Fui a Legolandia donde fabrican los Legos, a la empresa... Había un mundo de Legos. Estabamos en un hotel… Después me fui a Sinarcas con mis primos… y jugábamos y luego fuimos a Teruel…

Psicólogo: ¿Has pasado un buen verano con tu papá?

Menor: Sí pero parecía corto porque cuanto más divertido, más corto porque se pasa volando y cuanto más aburrido más tiempo tarda pero el tiempo es igual.

Psicólogo: Si te concedieran tres deseos ¿Qué pedirías?

Menor: Primero estar con mi padre; segundo que todo el mundo viviera toda la vida o unos pocos años más; también otro: olvidarme de mi madre, que a mi cerebro se le borraran esos datos. No acordarme ya de nada y que ella ya no existiera...

Psicólogo: Si vivieras todos los días con tu padre ¿cuándo te gustaría ver a tu madre?

Menor: Nunca porque es mala... Quiero olvidarme de ella...

Psicólogo: ¿No la echarías de menos?

Menor: No...

Psicólogo: ¿Cómo crees que sería tu vida si sólo vivieras con tu padre?

Menor: Pues mejor, porque mi padre es más bueno y viviría mejor con mi padre. No me pegarían, no me insultarían y no me obligarían a rezar ni a leer El Corán. Sería un niño feliz...


SOBRE EL ESTADO EMOCIONAL DEL MENOR Y OTROS TEMAS RELEVANTES.

ESTADO EMOCIONAL: Actitudes autolíticas.

 A raíz de que el menor nos manifiesta que en cierta ocasión pensó que no quería vivir y que pensó en tirarse por una ventana, respuesta suscitada por un ÍTEM del cuestionario TAMAI, le efectuamos la siguiente pregunta, que motiva su contestación:

Psicólogo: ¿Has pensado en morirte alguna vez?

Menor: Sí una vez, un miércoles por la mañana del año pasado. Una mañana que no sé lo que me hizo mi madre y me daban ganas de morirme. Fue a la hora del comedor...

SOBRE SUS ACTITUDES RELIGIOSAS.

Menor: No, yo no creo en ninguna religión. Yo creo que el mundo lo ha creado la Naturaleza...

Psicólogo: ¿Te gusta leer El Corán?

Menor: No porque esa religión… A mí … Me cortaron la pilila...

 

¿ESTÁ VIVIENDO EL MENOR EXPERIENCIAS PROPIAS Y CARACTERÍSTICAS DE ABUSO Y MALTRATO INFANTIL ?

La discusión y dictamen sobre esta pregunta pericial requiere el paso previo de consultar la definición científica del fenómeno denominado maltrato y/o abuso infantil.

El objetivo pretendido en este momento de nuestro análisis es encontrar una definición funcional autorizada del fenómeno denominado maltrato infantil.

Nos parece oportuno seguir el trabajo de Cerezo (1992) en su discusión sobre la definición del abuso infantil. La autora, tras una revisión de las distintas aproximaciones a definiciones teóricas de los malos tratos hacia la infancia acaba citando a Burgess y Richardson (1984) como autores de una ya, ampliamente asumida, diferenciación de distintas formas de malos tratos o abusos, ejercidas por un padre sobre su hijo, o un cuidador sobre un menor a su cargo, que reproducimos a continuación:

  • Abuso físico : formas de agresión física en un rango creciente de intensidad punitiva (desde un azote hasta palizas, quemaduras, cortes etc.);
  • Abuso sexual : que consistiría en la utilización de un niño para la satisfacción sexual de un adulto y la explotación sexual de menores.
  • Abandono y negligencia : por el cual un padre o responsable del cuidado del niño, bien de un modo deliberado o bien por inatención y descuido persistente da lugar a que la criatura experimente sufrimientos evitables o no disponga de las condiciones esenciales mínimas para desarrollar sus capacidades físicas, intelectuales y emocionales.
  • Abuso emocional : centrado en el rechazo del niño por parte del padre. Cuando un padre se niega a cuidar apropiadamente de su hijo, castiga reiteradamente conductas infantiles prosociales normales o se le juzga con persistencia de un modo negativo puede decirse que estamos ante indicadores de que el niño es rechazado.

Esta clasificación del abuso infantil ha demostrado ser de gran utilidad para la investigación y la intervención sobre el fenómeno estudiado.

Una vez aceptada esta tipología aceptaremos, para los propósitos de nuestra investigación, como definición funcional de maltrato y abuso infantil, la ofrecida por Burgess y Richardson (1984). El maltrato o abuso infantil consistiría en:

“… una lesión no accidental física o psicológica que se le ocasiona a un menor de dieciocho años, que tiene lugar como resultado de acciones de comisión u omisión, físicas, sexuales o emocionales, realizadas por un progenitor o sustituto y que amenacen el desarrollo de la competencia del niño”. (op.cit.p.240)

El maltrato se consideraría siempre el acto plenamente responsable de un adulto contrario a los intereses del niño. Consiste en una acción, bien de comisión o bien de dejación de las propias responsabilidades en la tutela del menor, que tiene como resultado una lesión física o psicológica que pone en riesgo la competencia y, por lo tanto, el bienestar presente del niño y amenaza el futuro ajuste personal y social de su persona.

Más reciente, pero coincidente en lo esencial con las definiciones anteriores de maltrato, es la siguiente que encontramos en un texto de la misma Consellería de Bienestar Social de la Generalitat Valenciana:

"El maltrato infantil se puede definir como cualquier acción no accidental (que comporta abuso emocional, físico o sexual) o descuido (emocional o físico) hacia un menor de dieciocho años que es realizada por su progenitor o cuidador principal, por otra persona o por cualquier institución, y que amenaza el adecuado desarrollo del niño"

Si consideramos creíbles las alegaciones del menor -tal y como afirmamos en el presente estudio tras su valoración crítica- debemos proponer una respuesta afirmativa a la pregunta pericial planteada: las vejaciones, insultos, injurias y agresiones físicas que el menor describe, van más alla de prácticas disciplinarias rigurosas o exigentes. Deben ser catalogadas como formas de abuso físico y emocional, dado el cumplimiento de los criterios exigidos por las definiciones de maltrato infantil (Vbg.: castigo reiterado de conductas prosociales, juicios persistentemente negativos; agresiones físicas reiteradas) y con todas las consecuencias asociadas a dichas catalogaciones.

Llegados a este punto, no dejamos de preguntarnos –con una cierta dosis de perplejidad- cómo una situación tan dramática como la presentada desde hace tiempo por el menor, no ha sido detectada por los diferentes agentes institucionales que han intervenido en los diversos procesos y litigios abiertos.

Entendemos que las amenazas para una apreciacion objetiva y no pre-juiciada del caso nacen de los siguientes factores, que posiblemente interactúan entre sí, favoreciendo la existencia de un punto ciego en los sistemas de detección de situaciones de maltrato, generando contextos de desamparo para el menor:

  1. Las inercias de género presentes en los procesos de separación y divorcio que se manifiestan por una inclinación acrítica y sesgada a conceder rutinaria y persistentemente las custodias a las madres de los menores.
  2. La confusión entre el posicionamiento del menor en el conflicto parental y el análisis de la virtualidad o no del sufrimiento de experiencias de maltrato. Ambos son fenómenos que pueden ser analizados de forma separada y pueden, o no, presentarse conjunta o independientemente. Aun en el caso de que el menor se sintiera más cerca de uno de los progenitores en conflicto, quedaría por responder a la pregunta de cuáles son las razones y motivos que a ello le llevan. Si las experiencias de maltrato que describe fueran reales, estaría más que justificada su opción. Aun en el caso de que uno de los progenitores hubiera influido en el menor para su enrolamiento con sus posiciones, el fenómeno del maltrato podría estar presente con toda su crudeza. Por ello descartar la presencia de situaciones y experiencias de maltrato justificándolas únicamente en que el menor ha tomado posición en el conflicto parental, son erróneas y pueden favorecer la indefensión y desamparo del menor.
  3. Finalmente, lo que podríamos denominar una suerte de complejo de culpabilidad etnocéntrico, o, en positivo, la aceptacion acrítica de un relativismo cultural extremo que justificaría como válidas prácticas educativas o de socialización aberrantes basadas en la violencia y la coacción –por ejemplo, el castigo físico de los niños, la circuncisión ritual o la clitoridectomía- amparándose en la idiosincrasia cultural de los progenitores. Favorecen estas perspectivas tanto la inclinación a seguir el dictado de lo políticamente correcto, como el paternalismo compasivo, paradójicamente una nueva forma de etnocentrismo. Frente a estas actitudes bastaría con argumentar que nuestra sociedad –y nuestro Estado- está comprometido por acuerdos internacionales de defensa de los derechos humanos y, particularmente, de la infancia que, por un lado, deben considerarse como normas de referencia universales y, por otro, indudables avances de toda la Humanidad en el respeto a la dignididad de la infancia. Estos compromisos deben servir de criterio discriminatorio, frente a tentaciones de tolerancia y comprensión hacia formas objetivas de maltrato infantil, tal y como son definidas habitualmente en nuestro contexto científico y socio-cultural. Tolerancias ejercidas a expensas del sufrimiento real de las víctimas infantiles. Dicho todavía con mayor rotundidad: por encima del respeto a las distintas expresiones y manifestaciones culturales está siempre la obligación de respetar los derechos humanos del individuo y, particularmente y de manera especial, los reconocidos para la infancia.

 

La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria, incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder excesivo.
Demoscopia 1995. El País

Última actualización: 05.03.2007