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  Actualización | domingo, 19 de marzo de 2006, 21:14
maltrato infantil. la entrevista de maría josé guzmán


"Cuando un niño diga 'con mamá no', que se investigue"


sevilla. A Álvaro Luis Caldas se le vino el mundo encima cuando se enteró que su hija de 5 años estaba en coma a consecuencia del maltrato recibido. Acababa de salir del calabozo, "tras pasar tres días enchironado, sin comerlo ni beberlo, por una denuncia falsa", comenta en una conversación telefónica con este periódico.

La noticia la conoció el 8 de marzo, asegura que desde entonces no duerme y se pasa el día intentando de escapar de la presión mediática a la que se encuentra sometido después de que trascendiera a la opinión pública la situación de la pequeña Alba, que ingresó en el Hospital Valle d'Hebrón en estado de coma. "No puedo soportarlo, mi trabajo requiere concentración y temo tener cualquier accidente", asegura con desesperación. Su voz se hace más cálida cuando, sin esperar a que le pregunten, comenta que la niña está mejor. "Está estable, ha abierto ya los ojos y ha movido un brazo; ésa es la mayor alegría para mí".

El padre biológico de Alba –maltratada supuestamente por el actual compañero sentimental de su madre, hechos por los que ambos están en prisión– habla con regularidad con la persona que cuida a la pequeña al pie de su cama y cuenta las horas que faltan para conocer algo más el futuro más inmediato de la menor. En los próximos días tendrá una reunión con los responsables de Atención a la Infancia de la Generalitat de Cataluña. Hasta entonces, Álvaro Caldas no quiere para nada oír "bulos", como que Alba será entregada a una familia de acogida. "Yo voy a luchar por mi hija, quede como quede quiero tenerla a mi lado", afirma.

La excesiva burocracia para solicitar la justicia gratuita, dado los continuos cambios de domicilio, frenó hace unos meses los trámites iniciados por Álvaro Caldas para reclamar la custodia de la menor, según su versión. Su discurso es entrecortado, el padre de Alba mide mucho sus palabras. No obstante, su relato deja entrever que los problemas con la madre de la menor vienen de antiguo y que se acrecentaron tras la ruptura con la mujer, su pareja de hecho.

"Lo mío es muy injusto, son denuncias falsas", reitera y asegura que tiene pruebas para demostrar su inocencia "y el apoyo de mucha gente, del pueblo y de fuera". El principal es el de su actual mujer "que no se puede quitar de la cabeza todo lo que han contado sobre los malos tratos recibidos por la niña". Llora por la niña, al igual que la hija mayor de Álvaro Caldas, mayor de edad y que vive en Suiza. A él hay algo que le martillea la cabeza: "Yo le digo ahora a todos los padres que cuando un niño diga con mamá no, con mamá no que se investigue, por favor", una frase que le repetía su hija cuando tenía que entregarla a su madre tras pasar unos días en su domicilio. "Yo la veía muy feliz, comiendo y jugando y creía que no había nada más", dice.

Este padre ya tiene experiencia en juicios tras varias denuncias por incumplir el régimen de visitas de la menor. Su pequeño peregrinaje por los juzgados empezó por esa causa y, según asegura, ya cuenta con una sentencia absolutoria. "Ella lo único que persigue es verme hundido, te voy a hundir me dijo tras romper con ella y lo está intentando", comenta todavía incrédulo al recordar las torturas a las que ha sido sometida la pequeña y de las que él culpa al compañero de la madre, al que conoció cuando pudo localizar a la menor en un hospital de Barcelona donde fue operada de una fractura en un brazo. "Entonces no me pareció ni bueno ni malo, no lo conocía", explica.

Caldas fue detenido hace dos semanas. "Vinieron los agentes, me leyeron mis derechos y, como insistí, me dijeron que estaba detenido por maltrato, tocamientos y abuso sexual a mi hija –y prosigue– yo sólo pude decir ¡cómo!". El padre de Alba fue denunciado por estos hechos, según comenta él mismo, el 18 de diciembre, pero el 2 de enero fue a recoger a su hija, con la que pasó los Reyes, hasta el día 8. "Si fuese verdad su acusación, cómo me puede entregar a la niña después", pregunta. Desde esa fecha no ha visto más a su hija y días después, al parecer, el contacto con la madre ha sido imposible.

La imagen que le queda en la retina es la de la niña en una camilla. Pudo verla un segundo en un pasillo del hospital, al que acudió un día después de quedar libre y enterarse por su abogado de la situación. El ambiente en el que se mueve Álvaro Caldas es humilde y transcurre en una pequeña población de Huesca, Ontiñena, a unos 60 kilómetros de donde vivía Alba. Trabaja ocho horas diarias en una fábrica intentando esquivar preguntas a las que difícilmente puede responder. "No sé qué va a pasar", resume.

La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria, incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder excesivo.
Demoscopia 1995. El País