sevilla.
A Álvaro Luis Caldas se le vino el mundo encima cuando se enteró que su
hija de 5 años estaba en coma a consecuencia del maltrato recibido.
Acababa de salir del calabozo, "tras pasar tres días enchironado, sin
comerlo ni beberlo, por una denuncia falsa", comenta en una conversación
telefónica con este periódico.
La noticia la conoció el 8 de marzo, asegura que
desde entonces no duerme y se pasa el día intentando de escapar de la
presión mediática a la que se encuentra sometido después de que
trascendiera a la opinión pública la situación de la pequeña Alba, que
ingresó en el Hospital Valle d'Hebrón en estado de coma. "No puedo
soportarlo, mi trabajo requiere concentración y temo tener cualquier
accidente", asegura con desesperación. Su voz se hace más cálida cuando,
sin esperar a que le pregunten, comenta que la niña está mejor. "Está
estable, ha abierto ya los ojos y ha movido un brazo; ésa es la mayor
alegría para mí".
El padre biológico de Alba –maltratada supuestamente
por el actual compañero sentimental de su madre, hechos por los que
ambos están en prisión– habla con regularidad con la persona que cuida a
la pequeña al pie de su cama y cuenta las horas que faltan para conocer
algo más el futuro más inmediato de la menor. En los próximos días
tendrá una reunión con los responsables de Atención a la Infancia de la
Generalitat de Cataluña. Hasta entonces, Álvaro Caldas no quiere para
nada oír "bulos", como que Alba será entregada a una familia de acogida.
"Yo voy a luchar por mi hija, quede como quede quiero tenerla a mi
lado", afirma.
La excesiva burocracia para solicitar la justicia
gratuita, dado los continuos cambios de domicilio, frenó hace unos meses
los trámites iniciados por Álvaro Caldas para reclamar la custodia de la
menor, según su versión. Su discurso es entrecortado, el padre de Alba
mide mucho sus palabras. No obstante, su relato deja entrever que los
problemas con la madre de la menor vienen de antiguo y que se
acrecentaron tras la ruptura con la mujer, su pareja de hecho.
"Lo mío es muy injusto, son denuncias falsas",
reitera y asegura que tiene pruebas para demostrar su inocencia "y el
apoyo de mucha gente, del pueblo y de fuera". El principal es el de su
actual mujer "que no se puede quitar de la cabeza todo lo que han
contado sobre los malos tratos recibidos por la niña". Llora por la
niña, al igual que la hija mayor de Álvaro Caldas, mayor de edad y que
vive en Suiza. A él hay algo que le martillea la cabeza: "Yo le digo
ahora a todos los padres que cuando un niño diga con mamá no, con
mamá no que se investigue, por favor", una frase que le repetía su
hija cuando tenía que entregarla a su madre tras pasar unos días en su
domicilio. "Yo la veía muy feliz, comiendo y jugando y creía que no
había nada más", dice.
Este padre ya tiene experiencia en juicios tras
varias denuncias por incumplir el régimen de visitas de la menor. Su
pequeño peregrinaje por los juzgados empezó por esa causa y, según
asegura, ya cuenta con una sentencia absolutoria. "Ella lo único que
persigue es verme hundido, te voy a hundir me dijo tras romper con ella
y lo está intentando", comenta todavía incrédulo al recordar las
torturas a las que ha sido sometida la pequeña y de las que él culpa al
compañero de la madre, al que conoció cuando pudo localizar a la menor
en un hospital de Barcelona donde fue operada de una fractura en un
brazo. "Entonces no me pareció ni bueno ni malo, no lo conocía",
explica.
Caldas fue detenido hace dos semanas. "Vinieron los
agentes, me leyeron mis derechos y, como insistí, me dijeron que estaba
detenido por maltrato, tocamientos y abuso sexual a mi hija –y prosigue–
yo sólo pude decir ¡cómo!". El padre de Alba fue denunciado por estos
hechos, según comenta él mismo, el 18 de diciembre, pero el 2 de enero
fue a recoger a su hija, con la que pasó los Reyes, hasta el día 8. "Si
fuese verdad su acusación, cómo me puede entregar a la niña después",
pregunta. Desde esa fecha no ha visto más a su hija y días después, al
parecer, el contacto con la madre ha sido imposible.
La imagen que le queda en la retina es la de la niña
en una camilla. Pudo verla un segundo en un pasillo del hospital, al que
acudió un día después de quedar libre y enterarse por su abogado de la
situación. El ambiente en el que se mueve Álvaro Caldas es humilde y
transcurre en una pequeña población de Huesca, Ontiñena, a unos 60
kilómetros de donde vivía Alba. Trabaja ocho horas diarias en una
fábrica intentando esquivar preguntas a las que difícilmente puede
responder. "No sé qué va a pasar", resume.