12 de mayo de 2007
Según los autores, las dificultades que
entraña el comprobar que el abuso se ha cometido, unido a que
los hechos no se denuncian de forma inmediata, hacen que ni
siquiera la intervención médica logre esclarecer el caso
La obra descifra las técnicas que
actualmente se aplican en el proceso de investigación en casos
de abuso sexual y plantea como solución alternativa realizar
una única entrevista exhaustiva al menor, con el fin de que
éste distorsione lo menos posible la veracidad de lo ocurrido
Jaume Masip y Eugenio Garrido, profesores
adscritos al Departamento de Psicología Social y Antropológica
de la Facultad de Psicología de Salamanca, han publicado este
libro que intenta dar un paso más en la evaluación y el
estudio del abuso sexual a menores. Aunque el abuso es menos
frecuente que otros tipos de maltrato, en España crece el
número de denuncias ante este tipo de delito. Un aumento que
los autores del libro atribuyen a la enorme conciencia social
que existe hoy día con respecto al tema, y que como
consecuencia hace que, al mismo tiempo que crecen las
denuncias, lo hagan también las falsas alarmas. Es por ello
que la publicación resulta de gran interés para profesionales
que en su labor diaria deben tratar casos de abuso sexual. El
principal problema que subrayan los autores del libro es la
difícil constatación del delito y la a veces imposible
identificación del agresor. “En muchos casos no suele haber
testigos del suceso y los sospechosos no suelen confesar”,
explica Jaume Masip. Si a esto se suma que el niño no siempre
recuerda los hechos y que no suele denunciarse el caso
inmediatamente después de producirse, la investigación se
vuelve aún más compleja. Además, según desarrolla el libro, ni
se denuncian todos los casos que suceden, ni todos los casos
que se denuncian han sucedido de verdad.
Como bien explican los autores en el primer
capítulo, tiempo atrás la sociedad y los propios profesionales
encargados de estudiar estos casos o bien desestimaban toda
evidencia de abuso contra el menor, o bien culpaban a dicho
menor de la ocurrencia del abuso. Sin embargo, la ciencia
moderna ofrece algunas técnicas para que la identificación del
abusador sea mayor. Una de ellas es la Evaluación de la
Validez de la Declaración, conocida como SVA, y que entraña
una serie de procedimientos que sortean los problemas de la
típica entrevista empleada por algunos profesionales. Así,
muchas veces se comienza formulando preguntas cerradas al
niño, algo que puede tener riesgos, ya que, en palabras de
Masip, “aunque a menudo se ha argumentado que los menores son
testigos sugestionables y poco fiables, esto no es
necesariamente cierto”. El autor recomienda que para realizar
una entrevista “bien hecha, hay que utilizar preguntas no
sugerentes, explorar otras posibilidades además de la del
abuso y no transmitir las propias expectativas al niño”.
Por estos motivos, Jaume Masip y Eugenio
Garrido plantean realizar una única entrevista exhaustiva,
siguiendo los principios de la SVA, que “debería grabarse y
ser de esta forma accesible a todos de profesionales que
trabajen en el caso”. Se trataría, por tanto, de “evitar
preguntar de nuevo al menor” y que el recuerdo de los hechos
pueda verse alterado. Además, los autores consideran necesaria
la inmediata consulta a un especialista para que el equipo de
médicos, policías, jueces y psicólogos puedan trabajar en una
conjunta y ordenada investigación.
En tal sentido, Jaume Masip apunta que “a
menudo los padres pueden alterar, sin darse cuenta
{y a conciencia también}, el
recuerdo del menor” y en la publicación se aconseja que los
progenitores no den al niño más información de la que éste
proporcione por sí mismo {lo que deja
en evidencia lo débil de la técnica} y acudan lo antes posible a un
profesional cualificado. “Otro tema, y mucho más grave, es el
de los padres que conscientemente instruyen al menor para que
formule una acusación falsa”, apunta Masip. En estas
circunstancias, producidas mayormente en el contexto de
disputas por la custodia de los hijos en caso de divorcio, las
técnicas de la SVA contemplan estrategias para detectar dichas
influencias.
En relación a la capacidad de mentir que
tiene el niño, el libro describe el Análisis de Contenido
Basado en Criterios (CBCA),
otra de las técnicas a desarrollar en el examen del menor. Se
trata en esta ocasión de comprobar hasta qué punto lo que
narra el niño es verdad o por el contrario es un relato
inventado. Por otro lado, existen diversas formas de abusos:
tocamientos, mostrar pornografía al menor, fotografiarlo
desnudo o en posturas obscenas, que no dejan ningún signo
físico visible, con lo que en muchas ocasiones la evidencia
médica no existe y es imposible esclarecer los hechos. En caso
contrario, cuando sí existen daños físicos, los análisis de
ADN pueden permitir identificar a un agresor específico si se
encuentran rastros biológicos como semen o saliva. A modo de
conclusión, los autores del libro recomiendan a padres y
cuidadores de los menores entender que “la sospecha del abuso
no implica necesariamente el abuso y que deben dejar de la
mano de los profesionales la tarea de entrevistar cuanto antes
al niño”. Una premisa que Jaume Masip reitera con estas
palabras: “El verdadero abuso de una falsa víctima se produce
al convencerla de que ha sido abusada”.