Las familias necesitan psicólogo? - Sobre todo en defensa de
los menores. - ¿Estamos dañándoles? - A mí ahora me
inquieta mucho el incremento del síndrome de alienación
parental.
- ¿Qué es eso?
- Es un atentado al derecho del menor de disfrutar de dos
progenitores, a tener dos referentes, a tenerlos integrados
dentro de sí.
- A contar con un padre y una madre, ¿no?
- Tanto si están vivos como si están muertos, el menor tiene
derecho a integrarlos afectivamente a ambos desde el bienestar.
- ¿Y quién perturba ese derecho del menor?
- El alienador parental.
- ¿Quién es ese tipo?
- Uno de los dos progenitores.
- Pues empezamos mal...
- Sí. Un progenitor se convierte en alienador cuando actúa de
modo que logra indisponer al menor con su otro progenitor.
- Ah, ya voy entendiendo...
- Sucede en muchas separaciones de pareja: un progenitor
programa mentalmente al menor para que identifique al otro
progenitor como una amenaza, como al enemigo.
- ¿De verdad podemos "programar mentalmente" a un menor?
- ¡Claro! Es una auténtica programación mental con fines
perversos. ¡Un lavado de cerebro como el de una secta!
- Un ejemplo.
- Imagine a una madre separada que le dice a su hijo, antes de
librarlo al padre en su fin de semana: "No tienes por que hacer
nada que no te apetezca...".
- Ah, qué sutil...
- Instila en el menor una actitud refractaria hacia el padre,
¡la actitud de defenderse de él! Y, claro, aquí me llegan padres
desesperados porque su hijo de diez años les ha espetado: "¡Tú a
mí no me mandas!".
- Tristísimo: así es imposible ser padre...
- El padre, loco de dolor, ve como pierde el afecto de su
hijo. ¡Y al hijo le roban al padre!: el alienador (la madre, en
este caso) inflige un gravísimo maltrato psicológico al hijo,
pues le extirpa al padre de su esfera afectiva, de su psique.
¡Una mutilación emocional!
- En este caso que me cuenta, ¿el menor está metabolizando
el odio de la madre?
- El padre se retrasa diez minutos en recoger al menor, y la
madre comenta: "Ay, otra vez nos ha fallado tu padre". ¡"Nos",
dice!: fusiona al menor a ella. Y el menor se identifica, y se
desvivirá por no "traicionarla".
- ¿Y con qué consecuencias?
- Interiorizará el abandono (y eso derivará en tristezas,
depresiones...), se sentirá culpable de lo que sucedió, ¡y no
soportará separarse de su madre! Y pronto será el menor quien
actuará por ella: se negará a ver al padre.
- ¡Parece un ejercicio de vudú, de posesión!
- No es mal modo de verlo.
- Me ha hablado de una madre alienadora: ¿es el esquema
habitual, o hay otros?
- Por desgracia, es el más frecuente. Es un triángulo: madre
alienadora, padre excluido, menor alienado. ¡Psíquicamente
mutilado!
- El padre es el que más sufre, en principio.
- "Este niño me adoraba, y ahora... ¡no le reconozco!", me
dicen padres entre sollozos. Es la señal: el niño ha sido
alienado. Es decir, ha mutado su identidad afectiva: ¡al igual
que una anoréxica se ve gorda, ahora este niño ve en su padre a
un enemigo!
- Todo un drama..., ¿irreversible?
- Habría que retirarle el hijo alienado (maltratado) al
alienador (maltratador): retirarle la custodia, apartarle una
temporada.
- Hágase, pues.
- Hay un problema: los jueces. Los jueces no quieren mojarse:
la custodia, para la madre. ¡No quieren complicarse! No
contemplan el síndrome de alienación parental como maltrato
psicológico. ¡Y se consuma!
- Pues vaya con nuestros jueces...
- Los jueces optan por preguntar al niño. Y, claro, el niño
alienado habla por boca del alienador... Y el juez no profundiza
más.
- ¿Qué puede hacerse?
- A la sociedad, que ya se ha concienciado acerca de maltratos
como el mobbing y el bullying,le toca ahora
concienciarse de este maltrato de alienación parental.
- ¿Qué aconseja a un progenitor que empiece a detectar este
síndrome en su hijo?
- Pese a todo, comunicárselo al juez. Insistir. Luchar por el
menor. Por su bien. A un padre excluido le he dicho: "Lucha por
tu hijo, ¡para que un día comprenda que tú quisiste tenerle a tu
lado!". La madurez del hijo, un día, podría devolvérselo...
- Magro consuelo.
- Lo peor, lo más duro para el padre excluido, es verse
insultado, ¡insultado!, por su hijo. Se registran muchas
depresiones, claro...
- ¿Qué síntomas en un niño deberían alertar al progenitor?
- Si el niño viene con una lista de normas del otro
progenitor: "Que haga o no haga esto", que si la ropa, que si
los deberes... O cuando el niño le suelta al padre: "¿Por qué no
nos das más dinero?" O cuando el padre le riñe y el niño
replica: "¡No me hables así o irás al juez!". O le dice: "¡No me
toques!".
- ¿Alguna pista más?
- El niño puede somatizar su caso en alteraciones digestivas.
Y empeorar en la escuela, por una merma de atención y memoria.
- ¿Todos somos alienadores en potencia?
- Sí. Sobre todo si eres una persona susceptible, tajante,
monolítica, exagerada, y si sueles pensar que todo el mal está
en el otro.
- ¿A qué extremo puede llegar el alienador?
- Una acusó con falsedad a su ex de acoso sexual sobre sus
hijos, para que el juez los apartase cautelarmente del padre...
¡y así culminar sin trabas la alienación del menor!
Estremece oír los casos que me relata Arantxa Coca en su
consulta, analizados también en su manual ´Hijos manipulados
tras la separación´ (Oxigen Viena), coescrito con Domènec Luengo
y subtitulado ´Cómo detectar y tratar la alienación parental´.
Algunas madres llegan a ´encargarle´ informes psicológicos que
perjudiquen al padre, para que el juez le paralice las visitas a
los hijos, y así tener vía libre en su proceso de ´alienación
parental´. Arantxa Coca las rechaza: "Sólo trabajo con menores
si tengo el consentimiento de ambos progenitores" (cosa que no
todos los psicólogos hacen). "Mi ex me ha destrozado la vida, ¡y
ahora se va a enterar!", se dice una parte. Y vaya si se
entera... a costa de inmolar a los hijos, a los que ama menos
que a ese odio que la abrasa.
La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria,
incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder
excesivo.
Demoscopia 1995. El País