ME PREGUNTO si las sentencias judiciales sirven para algo. Ante la decisión judicial de dar la custodia al padre de las niñas, víctimas del síndrome de alienación parental (fomento por parte de la madre del odio y rechazo a su padre), se ha desatado una cruel campaña -"presuntamente" fomentada por parte de la familia materna- contra un padre cuyo delito ha sido llevar más de seis años intentando conseguir que se le haga justicia.
Y, cuando lo consigue, numerosos medios de comunicación, en lo que "presuntamente" parece una orquestada campaña, tocan a degüello, intentando destrozar el honor y la fama de una persona que, judicialmente, ha sido declarada -reiteradamente- inocente.
Acabo de ver el reportaje emitido donde el montaje ha sido preparado de forma que el padre aparece como un canalla y que, por tanto, fomenta la idea de que el juez se ha equivocado. Y a eso no hay derecho.
Y afirman que se han aportado pruebas y certificados "presuntamente" (esto lo digo yo) auténticos, y lo afirmo así porque el juez no los ha dado por válidos.
Francamente he sentido vergüenza ajena, dolor y rabia. Y me pregunto si los autores e intervinientes en el reportaje -Sr. Boris y compañía- serán capaces de conciliar el sueño o tendrán que medicarse para acallar sus conciencias.
Ignoro si ante este atropello existe el amparo judicial que evite que casos como este ocurran. Quiero suponer que por parte del padre de las niñas estará preparando las correspondientes denuncias contra los causantes de un posible delito contra la dignidad y la fama.
Por determinados medios se ha explotado el morbo, de forma que la figura del padre aparezca como un ser ruin y delincuente. Un padre que mensualmente paga a su ex esposa más de doscientas mil pesetas (ahora euros) para atender unas hijas que ni siquiera puede ver. Y a eso tampoco hay derecho.
Se me ocurre pensar que las personas capaces de reflexionar y razonar, llegarán a la conclusión de que si el Juzgado ha decretado esa medida es porque tiene pruebas suficientes y rotundas para dictar esa sentencia.
Pero ciertamente las entrañas se me revuelven al pensar en la posibilidad de que algunos profesionales de prensa tal vez vendan su pluma por un plato de lentejas.
Seis años enfrentándose a múltiples denuncias, que, una tras otra, siempre ha ganado el padre. Sentencias siempre favorables al padre, que han sido repetidamente incumplidas por la madre, como lo demuestran las causas judiciales.
Ojalá sepamos respetar los derechos y, en beneficio de las niñas, permitir que reciban el tratamiento adecuado para desprogramarlas del síndrome de alienación parental que, cada vez más, se está dando en España, y que las niñas puedan disfrutar de un padre que ha luchado por ellas, y de una familia que siempre las ha acogido.
¿Sabían los encuestados que en España se condena sin pruebas en cuestiones de género?. ¿Conocían el lado oscuro de la justicia española?.