
María Sanahuja en su despacho
junto a los juzgados de Barcelona, esta semana
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Barcelona-Cuando María Sanahuja habla sobre
malos tratos es imposible que no surjan
reacciones críticas desde varios sectores,
especialmente desde los más feministas. Ella
se defiende diciendo que lo hace para explicar
los problemas que tienen los jueces a los que
representa a la hora de deliberar sobre estos
asuntos. Es tajante y se mantiene en que la
Ley de Violencia sobre la Mujer es un fracaso.
Hace dos semanas participó en la presentación
de un libro -«El varón castrado», de José Díaz
Herrera (Planeta)-, volvió a plantear sus
tesis, y ha vuelto a ser criticada.
-
¿Por qué cree que sus palabras han vuelto a
sentar mal?
- Una vez más, yo no podía
imaginar la trascendencia de mis palabras
durante la presentación de un libro a la que
asistieron unas diez personas. En este libro
se ejemplifican con un montón de supuestos
concretos lo que está sucediendo con la
aplicación de la Ley de Violencia sobre la
Mujer, con casos de compañeros de la talla del
titular del Juzgado de lo Penal número 20 de
Madrid, Ramón Sáez, o de la compañera del
juzgado de lo Penal número 4 de Murcia, María
Poza Cisneros, que son dos de los compañeros
que han interpuesto varias de las cuestiones
de inconstitucionalidad que están pendientes
contra esta ley.
- ¿Cuántos recursos
se han presentado?
- Creo que ya son
más de cien. La verdad es que son muchísimos,
y espero que el Tribunal Constitucional
responda. El libro recoge miles de casos, y ya
no tengo ninguna duda no sólo de lo que
transmiten los compañeros del día a día, sino
de lo que se deriva de la falta de información
que da el Observatorio de Violencia del
Consejo General del Poder Judicial.
-
¿En qué sentido?
- Si cada año se
interponen más de 140.000 denuncias por malos
tratos, y nos dan datos de lo que ha ocurrido
finalmente con 8.000 o 10.000 casos, ¿qué
ocurre con el resto de miles? No nos dicen qué
pasa con el resto. La presidenta del
Observatorio dijo, al cumplirse un año del
funcionamiento de los Juzgados de Violencia
Doméstica, que el 59 por ciento de los casos
son archivados o sobreseídos.
- ¿Y qué
sucede entonces?
- Como cada vez que
se produce la denuncia se da la detención
inmediata del individuo, supone que son miles
de individuos detenidos al año en este país
por supuestos malos tratos a sus parejas, en
casos que luego acaban en nada. No creo que
proceder a la detención inmediata sea
razonable sin realizar investigaciones
mínimas, porque supone pasar dos noches en el
calabozo, y eso causa traumas.
- ¿Y
cómo afecta esto a los jueces?
-
Actuando de esta manera indiscriminada, sin
una investigación -que es el factor clave-,
los jueces no somos capaces de detectar los
casos graves de violencia, y se nos siguen
muriendo el mismo número de mujeres o más, que
supone el despliegue de una gran cantidad
ingente de medios que no llegan para ofertar
ayuda a los casos más necesarios. El autor del
libro también achaca todos los problemas de
esta ley al presidente del Gobierno, José Luis
Rodríguez Zapatero, cuando la Ley de Violencia
sólo acentúa una línea iniciada y ya perversa
por sobre todo el último gobierno del Partido
Popular, que modificó el Código Penal y la Ley
de Enjuiciamiento Criminal en 2003, que fue el
que inició toda esta dinámica. Mi primera
rueda de prensa sobre este tema fue en 2004, y
la ley de violencia ni siquiera estaba en el
Parlamento. Y ya se vio que no se estaba yendo
por el buen camino.
-¿Cuál es su
queja?
- No se puede actuar
impunemente contra el hombre por el simple
hecho de ser hombre, por lo que se debe
denunciar la vulneración de los derechos
fundamentales que se está realizando en
nuestro país. Sobre todo porque no se está
consiguiendo el fin de la ley, ya que no se
está ayudando a las mujeres que sufren los
casos graves de maltrato. A mí me emociona
cuando voy al colegio a buscar a mis hijas y
muchas abuelas me dicen que no ven a sus
nietos porque con la aplicación de un derecho
de un modo abusivo se les está negando no a
muchos padres, sino también a muchos abuelos,
el volver a ver a sus nietos.
-
Hablemos de cifras.
- Si el
Observatorio dice que en un año hay 8.495
sentencias dictadas por los Juzgados de lo
Penal, de las que un 39 por ciento fueron
absolutorias, que son 3.273, significa que
hubo unas 5.200 condenas. Alguna más habrá en
conformidades en los Juzgados de Violencia,
pero quiere decir que de las 140.000 denuncias
que hay al año, el porcentaje de condenas
puede ser ¿10.000? ¿O 20.000? ¿Y qué pasa con
las 120.000 restantes, resultantes de todos
aquellos a los que hemos detenido? El autor
del libro habla de un compañero, del Juzgado
de lo Penal número 12 de Valencia, José Luis
Ruido de la Torre, que le dijo que «la Policía
actúa con dureza hacia el maltratador», que
«se detiene a los varones de forma masiva» y
que «estamos previniendo», así que está
admitiendo que estamos deteniendo por miles
para encontrar a unos pocos maltratadores con
los que no damos nunca.
- El
Observatorio del CGPJ dice que sus
declaraciones son «ofensivas».
- Somos
pocas las personas que manifestamos
públicamente lo que pensamos. Sí es cierto que
mis palabras tienen más repercusión mediática
que lo que dicen mis compañeros en voz baja en
los pasillos. Yo creo que molestan mis
palabras porque las personas que defendieron
ardientemente un proyecto de ley y una ley
como ésta, y que comprueban al cabo de un año
-ya se ha evidenciado- que no ha sido un buen
camino, todos aquellos que no esperaron a ver
qué pasaba con las reformas legislativas
realizadas por el Gobierno del PP para ver
cómo funcionaban, los que nos lanzaron a todos
a votar unánimemente una ley, pues reconocer
su fracaso les debe costar bastante. Pero la
realidad es tozuda, los números son tozudos, y
creo que han optado por hacer juegos de cifras
en lugar de explicarlas con claridad.
- ¿Los jueces a los que usted representa la
apoyan en su postura?
- Con mis
compañeros no he tenido ningún problema, al
contrario. Después de mi primera rueda de
prensa recibí aplausos de los compañeros de la
Junta de Instrucción de Barcelona, y lo único
que hice fue decir en voz alta algo que los
demás decían en voz baja. Es cierto que
decirlo en voz alta supone recibir un aluvión
de críticas, pero yo creo que ya se ha abierto
una pequeña brecha para que muchos digan lo
que está pasando. Yo siempre digo que
cualquier persona vaya a los juzgados de lo
Penal, que son públicos, para que se vea lo
que estoy diciendo, qué ocurre cada día y que
no me lo estoy inventando, como que por
supuestos muy leves se están pidiendo penas
muy altas. Por un «vete a la mierda» de un
marido a su esposa, se están pidiendo nueve
meses de cárcel. Por un «te vas a enterar»
durante un proceso de ruptura, o por un
empujoncito que no causa lesión se están
pidiendo también penas altísimas.
-
Ahora los médicos han anunciado que incluirán
la sospecha de maltrato en el historial de las
pacientes.
- Ellos evidencian por un
montón de síntomas situaciones reales de
violencia física y psíquica. Si los médicos
decían que les cuesta ver las situaciones
graves, y eso que ven a sus pacientes mes tras
mes y año tras año, los jueces, en unos
minutos, no podemos ver la gravedad. Y luego
están las personas que están en una situación
más débil, las que realmente necesitan un
colchón psicológico y, en algunos casos,
económico. Se tiene que replantear qué es
maltrato en el Código Penal. Maltrato es
cuando yo insulto, cuando pego a alguien, o
cuando empujo a alguien y, si no quiero
tolerarlo, el Código Penal debe reaccionar con
una pena proporcional a la gravedad del hecho:
si el hecho es leve, tiene que ser leve. Y
ahora llega un momento en que el Código Penal
sanciona la mala educación con penas muy
graves. Y esto es inaceptable. Ahora bien,
evidentemente, los hechos graves deben
castigarse con penas graves, por supuesto.
Pero no puede ser que al maltratador lo
encerremos para siempre, y menos aún por un
hecho leve.
- ¿Qué necesitan los
jueces?
- Se está empleando una
cantidad ingente de dinero pero de una manera
desorganizada. Pedimos que alguien se
encargue. En la ley debería haberse fijado una
figura para organizar los distintos
departamentos de la Administración -con
Sanidad, Educación, Justicia, Interior y con
Bienestar Social- para que no se repitan
Oficinas de Atención a la Víctima que están
informando de una manera desorganizada y
distinta unas de otras. Se están repitiendo
unas ayudas y no se están garantizando otras.
Hay que ordenar esta situación. El resultado
es que tenemos a varias administraciones
haciendo lo mismo, pero como no se coordinan y
como no se han fijado los criterios de
actuación, se ayuda mal a las víctimas. Y
además se deben ofertar los servicios que
hacen falta. Por ejemplo, se han puesto casas
de acogida donde no hay nadie, y luego faltan
plazas en los lugares donde se necesitan. Y
son una buena idea, a la espera de que se haga
una investigación inicial.
- Entonces,
sugiere usted que debido a la presión
mediática sobre este asunto se están
realizando detenciones sin pruebas.
-
Sí, porque la Policía tiene pánico a que una
mujer presente una denuncia, que no se proceda
a la detención inmediata y luego pase algo,
porque entonces van a hacer a la Policía
responsable de esta situación. Por eso lo que
hace es, por prevención, detener a casi todo
el mundo, a menos que vean una situación
realmente escandalosa en la que no sea
necesario, pero esos son pocos casos.
- Y entonces empieza el colapso judicial.
-Así es, ya que luego nos los traen a los
juzgados de guardia o de violencia doméstica.
Y el juez, que tiene en una mañana infinidad
de casos -e invito a cualquier persona a que
lo vea- tiene que ver en minutos, y con las
simples declaraciones de uno y otro, qué
resuelve. Lo más sencillo, en prevención, es
dictar una orden de alejamiento, es decir,
expulsar a uno de los cónyuges de la casa, que
siempre es el señor, claro. Normalmente, en
los juzgados tampoco se realiza una gran tarea
de investigación, porque principalmente ésta
es una labor de la Policía. ¿Y qué hacemos? Si
devolvemos a la Policía tal cantidad de
órdenes, son incapaces de proteger a nadie.
Por eso necesitamos datos suficientes para
saber qué casos son los realmente graves. Y la
saturación es importante. De cuatro asuntos
civiles se resolvió sólo uno. Son unos
juzgados con una congestión mayor que la sala
primera del Tribunal Supremo.
- ¿Qué
pide usted para solucionar estos problemas?
- Es imprescindible la modificación
inmediata del Código Penal para tipificar
hechos graves con penas graves, definir qué es
maltrato. Eso es un clamor. Se ha hecho un
Derecho Penal de autor, en el que se castiga a
un hombre por el simple hecho de ser hombre, y
esta fórmula ya ha sido desterrado de todos
los países del mundo. Y es que una denuncia
sin protección aumenta el peligro para la
víctima, porque la devolvemos a su casa con un
papelito. Y los policías se quejan porque
tienen hasta cuatro órdenes de protección. La
mujer va a un juzgado, ve que no se resuelve
su problema; se va a su pueblo, y vuelve a
hacer lo mismo, lo que evidencia una verdadera
ineficacia porque las personas no se sienten
protegidas.
- Resulta paradójico que
las feministas la critiquen.
- El
Código Penal de 2003 resultó absolutamente
ofensivo para la mujer. Imagine que una pareja
va por la calle, discute y se empujan. No
denuncian, pero hay un tercero, ya sea un
ciudadano o un policía local, que va y
denuncia. Se produce la detención, puede haber
condena con el testimonio de esa persona que
ha presenciado esa situación de maltrato leve,
y se obliga a la pareja a estar alejada. En
algún caso incluso se les prohíbe que se
casen, porque como existe una orden de
alejamiento, el empleado del Registro Civil no
puede autorizarlo.
Una
feminista que persigue la igualdad
Aunque muchas mujeres no lo crean, porque
ha sido acusada de defender a los
maltratadores, María Sanahuja, miembro de
Jueces para la Democracia, es una feminista de
los pies a la cabeza que busca la auténtica
igualdad de género. Hace declaraciones
lapidarias: «Las mujeres primero hemos
dependido del padre, luego del marido, y ahora
el Estado es quien elige quién debe ser
nuestro novio». Sostiene, continuando esta
misma argumentación, que «si creen que las
mujeres somos tan minusválidas mentales, pues
entonces también lo seremos para elegir al
presidente del Gobierno». Su despacho, en una
quinta planta junto a los juzgados de
Barcelona, cumple la paradoja de ser un lugar
aparentemente caótico pero en un segundo
vistazo, perfectamente ordenado, con montones
de pilas de papeles esparcidos sobre las mesas
de trabajo y de reunión. Esta entrevista, que
duró apenas media hora, fue interrumpida en
seis ocasiones por llamadas telefónicas.
Algunas eran de apoyo. Otras, peticiones de
entrevistas y de artículos de opinión. Insiste
en que sólo dice lo que los jueces le cuentan.
La única diferencia es que ella, porque es
también su obligación, lo dice en voz alta.