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Aluvión de demandas falsas por 'mobbing'
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Natalia Sanmartin Fenollera / MADRID
(03-07-2006) |
Publicado en: Edición Impresa - 5 Sentidos |
Abogados y jueces advierten que las denuncias por acoso
se usan a veces como arma para evitar despidos
El 25 de septiembre de 2001 un tribunal
dictó la primera condena por acoso laboral (mobbing)
en España. Exactamente un año después, ya eran 1.000
las demandas presentadas por este motivo en todo el
país. El colectivo de abogados laboralistas advirtió
entonces sobre el imparable ritmo de crecimiento de
estos conflictos, que en mayo de 2003 ya había rebasado
la barrera del 200%. Desde la Unión Europea se insistía
en que 12 millones de trabajadores comunitarios sufrían
acoso moral, esto es, maltrato psicológico grave y premeditado
por parte de sus jefes o sus compañeros. Sindicatos,
jueces y abogados se pusieron manos a la obra: había
que poner coto al problema.
Fue el propio Parlamento Europeo
el primero en dar la voz de alarma, pero en un sentido
diferente. 'Las falsas acusaciones de acoso moral pueden
convertirse en un temible instrumento de acoso moral',
señalaba el organismo hace tres años en alusión a la
multiplicación de demandas sin base objetiva que comenzaron
a anegar los tribunales de toda Europa. En España los
propios jueces han sido los primeros en reconocer que
detrás de muchas de estas acusaciones no hay más que
humo. 'Parece que en España se han introducido estas
demandas como una auténtica novedad judicial, siendo
frecuentes las que vienen sucediéndose en estos últimos
tiempos, por lo cual se ha de estar atento a situaciones
abusivas', señala, por ejemplo, una sentencia del juzgado
de lo social número 25 de Madrid.
Los expertos calculan que los jueces
desestiman el 55% de las demandas por acoso, pero la
proliferación de falsas acusaciones se ha convertido
ya en un problema grave para las empresas. 'Es un problema
muy serio. Estamos viendo a gente que ante una previsible
acción disciplinaria por parte de su empresa (un despido,
por ejemplo) intenta blindarse presentando una demanda
por vulneración de derechos fundamentales', señala Vicente
Calle, socio de laboral de Garrigues. Calle hace alusión
a la utilización con fines interesados del principio
de indemnidad, una garantía procesal que impide despedir
o sancionar a los trabajadores que están inmersos en
un proceso contra su empresa. 'Cuando una persona tiene
diferencias con la dirección y sospecha que va a ser
despedida, se anticipa con una demanda de este tipo
y así impide el despido', señala el socio de Garrigues.
Desde la firma han detectado también un elevado crecimiento
de las demandas por despido improcedente que incorporan
en sus alegaciones alusiones a un supuesto acoso moral.
Acusaciones envenenadas
La primera consecuencia negativa
de este fenómeno recae sobre las espaldas de las verdaderas
víctimas: los trabajadores que padecen realmente este
tipo de situaciones. 'Desde mi experiencia las demandas
de acoso moral con base real están por debajo del 25%.
Tres cuartas partes de las que se presentan o no tienen
fundamento o no tienen prueba', afirma José Manuel Martín,
socio de Sagardoy Abogados. Martín asegura que la mayoría
de los supuestos reales de acoso no llegan a los tribunales,
ya sea porque las víctimas no se sienten con fuerzas
para iniciar un proceso o porque el acosador consigue
su objetivo y abandonan la empresa. En cualquier caso,
no todas las falsas acusaciones son iguales. 'Hay que
separar las demandas inocentes de las envenenadas. Hay
personas que acuden a los tribunales convencidas de
que han sufrido acoso, aunque objetivamente no haya
sido así', advierte el socio de Sagardoy.
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'Tres cuartas partes
de las demandas que se presentan por acoso o
no tienen fundamento o no tienen prueba'
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La misma postura sostiene Juan Antonio
Linares, socio de Cuatrecasas, quien afirma haberse
encontrado a menudo con personas que confunden el acoso
con problemas o deficiencias personales. 'A veces sufren
estrés, otras veces trabajan demasiado, no obtienen
resultados o tienen problemas personales y ven acoso
donde sólo hay llamadas de atención de sus jefes', explica.
El socio de Cuatrecasas alude también al uso estratégico
de las demandas como armas de presión que permiten negociar
indemnizaciones más altas en los despidos o hacer daño
a un jefe o a un compañero. Ante la pregunta de qué
hacer frente a una situación así, la respuesta de los
expertos es unánime: prevenir los conflictos con códigos
de conducta y protocolos que permitan denunciar a tiempo
cualquier supuesto.
El reto de proteger a las verdaderas
víctimas
Junto a la imagen de las empresas,
las demandas falsas de acoso moral golpean también la
reputación y la autoestima del trabajador o trabajadores
sobre los que recae la acusación. 'Se puede hacer mucho
daño con falsas demandas. He conocido el caso de una
persona que no aguantó la presión de ser acusada injustamente
y se marchó de su empresa', apunta José Manuel Martín,
socio de Sagardoy Abogados.
Los abogados especializados en estas
demandas aseguran que el coste del proceso es enorme.
Y no se refieren precisamente a los honorarios. 'Son
juicios desagradables para todas las partes implicadas
y el precio es muy alto. El tiempo y el sacrificio personal
que requiere la preparación del proceso puede alterar
profundamente el funcionamiento de la empresa y enrarecer
el ambiente', advierte Vicente Calle, socio de Garrigues.
Es en ese contexto donde cobra especial
importancia el proteger la reputación del empleado o
del directivo acusado de acoso mientras no haya pruebas
de que se ha producido esa conducta.