Se trata de un hombre extranjero, al que su mujer le había denunciado por malos tratos.

Estaba absolutamente desesperado, siéndome difícil entender todo lo que me decía sin parar, así que tuve que dedicarle mucho tiempo mientras los demás esperaban su turno. Para la entrevista personal nos llevaron a un calabozo, en un sótano, con un ventanuco por arriba, sucio y lleno de dibujos en las paredes. Estuve sentada en lo que parecía ser una especie de banco de obra o metálico, con muy mal aspecto. Un policía esperaba en el pasillo, pacientemente a que yo acabara con la entrevista personal a la que por ley el detenido tiene derecho. 

Lo acusaban de quebrantamiento de condena, además de malos tratos. Su mujer y madre de sus dos hijos muy pequeños, le pidió que la llevara unos días con unas amigas junto con los dos bebés. Él lo hizo. Una vez allí, ella estuvo desaparecida con sus niños durante diez días, sin saber el padre donde podían estar. Las amigas de ella no quisieron informarle de nada.

Así las cosas, la siguiente noticia que tuvo de ella fue que entraron en su casa seis policías que lo detuvieron, llevándolo a la Comisaria, donde yo lo conocí.

Este señor  me explicaba que no tenía ninguna condena anterior, por lo que no había quebrantamiento de condena alguna, y tampoco había pegado ni maltratado a su mujer y madre de sus dos hijos pequeños  de dos años y dos meses.

Su  mujer tenía otros dos hijos mayores, que vivían con ellos, a los que mi defendido trataba como si fueran sus hijos, ya que su auténtico padre, no aparecía para nada.

Este matrimonio tenía dificultades económicas debido a que él se había quedado sin trabajo, por la crisis. Cuatro hijos deben suponer bastantes gastos.

Y todo ello les tenía en situación de constante tensión.

Esta letrada habló con los policías de la Comisaría para que indagaran hasta donde les fuera posible ya que no me parecía que hubiera quebrantamiento de condena alguna, y tampoco malos tratos de ninguna clase, ninguno en absoluto físico, y posiblemente tampoco psíquicos. Ellos me hicieron caso amablemente.

Cuando yo estaba en el piso superior atendiendo a otro detenido, apareció un policía que me dio la noticia que habían hablado personalmente con el juez de la otra provincia, que había resuelto la orden de alejamiento familiar de mi defendido y su  rápida salida del domicilio, detención y estancia en calabozos, y aquél ordenó a la policía que inmediatamente lo pusieran en libertad.

Por la tarde, hablé con él y su mujer.

Ella me explicó que no la maltrataba, que nunca la había maltratado, pero que sus amigas la habían convencido para que se separara de él, ya que tenían algunos problemas de convivencia, que le hacían pensar no era el hombre de su vida, y lo mejor sería dar por terminada la convivencia.

Así es que desapareció durante diez días con sus dos hijos pequeños, fue a otra provincia donde tenía una amiga dispuesta a conseguir que a mi cliente lo echaran de su casa en unas horas, de modo que cuando su esposa llegara, él ya no estaría en casa, estaría, claro, en calabozos, como si fuera un criminal, y procesado.

Atacado de los nervios, mi cliente, decía que todo era mentira, que las amigas de ella siempre se estaban metiendo en su matrimonio, y decidiendo por ella. A lo que la mujer asentía.

Que él nunca habría hecho una cosa así contra ella.

Sus amigas en la denuncia contra él dijeron que el padre pegaba a los bebés. La madre me dijo que no era cierto, que el padre trataba estupendamente a los niños a los que adoraba.

Según ella, la razón de poner una denuncia era porque le habían dicho sus amigas, que estaban muy bien informadas, que así la salida del progenitor de la casa era muy rápida, en solo unas horas estaría fuera de la vivienda familiar. Detenido, claro y con una orden de alejamiento, que le dificultaría mucho seguir viendo a sus dos niños pequeños, procesado y a la espera de juicio por malos tratos.

Ella fue a intentar quitar la denuncia, sin resultado alguno, ya que en estos casos comprendidos en la ley de Violencia de Género el Fiscal actúa de oficio, y pese que la interesada intente desdecirse y quitar la denuncia, el Fiscal acusa igualmente. Por lo que el hombre acaba procesado, fuera de su casa, alejado de sus bebés, y hecho trizas. Señalado por todos, que dan por hecho, es una mala persona y un maltratador.

En mi modesta opinión, el Ministerio Fiscal de oficio, debía inmediatamente encausar a la mujer que pone una denuncia falsa, destrozando al padre de sus hijos, y creando entre padre e hijos unos graves problemas para quizás toda la vida.

Tal vez así aprendiera todo el mundo, que no pueden ponerse denuncias falsas, que ello es un grave delito, y si las ponen se atengan a las consecuencias.