Los hombres no son los únicos que maltratan
Ni las mujeres son siempre víctimas. En dos años murieron en España 41 hombres a manos de sus parejas. Los celos son la causa principal de la violencia contra maridos y amantes
JORDI ROVIRA - 28/08/2005
Las mujeres no son las únicas víctimas de la violencia doméstica. Ellos también pueden ser los agredidos. Sin embargo, los hombres maltratados permanecen en un segundo plano, lejos de la actualidad hasta que, de vez en cuando, el tema aflora a la superficie y enciende un debate entre los que minimizan los casos detectados y los que recuerdan que nadie está exento de ser violento.
Paco y Lucía son los nombres falsos bajo los que se esconde una pareja real que, después de cinco años con problemas, decidieron ponerse en manos de especialistas. Lucía descargaba sus ataques en su hijastro porque le recordaba a la anterior pareja de Paco. Cada vez que éste intentaba interceder entre ellos, élla lo descalificaba y le cuestionaba todo lo que hacía. Lucía sufre celos compulsivos. Los psicólogos rápidamente detectaron que Paco era víctima de maltrato psicológico. Él se mostraba extremadamente inseguro y había perdido cualquier capacidad de decisión en el ámbito de la pareja. Ahora Lucía acude al Instituto de Reinserción Social (IRES), una ONG con sedes en Barcelona y Girona que lleva siete años trabajando con hombres maltratadores.
No es la única mujer que acude a esta asociación pues en el último año han recibido otro caso similar.
Hablar de hombres maltratados y mujeres agresoras suena extraño, casi erróneo. No en vano, la palabra víctima es un vocablo femenino sin equivalente masculino y la sociedad lleva mucho tiempo escuchando que el hombre es el agresor y la mujer, la maltratada. Pero no debemos olvidar que en 1997, cuando salió a la luz pública el caso de Ana Orantes - la mujer asesinada por su marido después que denunciara ser víctima de malos tratos en un programa de televisión- el drama de la violencia doméstica se circunscribía al ámbito privado. Cuatro años después de aquel asesinato, el Centro de Investigaciones Soma ciológicas (CIS) cifraba en un 92% los españoles que habían oído hablar del tema pero sólo en un 17,7% los que consideraban a los hombres posibles víctimas de agresiones de este tipo.
Lo cierto es que esta respuesta resulta lógica si se tiene en cuenta que la violencia contra los hombres no sólo disfruta de muy poca cobertura mediática sino que suele ser obviada en los numerosos estudios que abordan este tema. Es lo que la psicóloga norteamericana Judith Servin ha definido como la "conspiración del silencio". "Es un termino del que no se habla porque es políticamente incorrecto, porque es tabú y porque hay una ´industria del maltrato´ que mueve miles de millones de euros y que utiliza a la mujer como mercancía política", afirma el psicólogo y sexólogo canario Eloy Rodríguez, premio Nacional del Ministerio de Asuntos Sociales. Hace 14 años llegó a su consulta un hombre maltratado. Le venía rebotado de otro especialista que no quería tratarlo. Desde entonces ha tenido varios casos.
"No podemos hablar de una proporción significativa de hombres maltratados porque las estadísticas demuestran lo contrario", afirma Montserrat Comas, magistrada, vocal del Consejo General del Poder Judicial y presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica. Sin embargo, aunque las cifras no se acercan a las de las mujeres, los datos oficiales tampoco son muy alentadores. Según el Instituto de la Mujer - que contabiliza todos los casos de violencia doméstica- entre 2002 y 2004 murieron en nuestro país 41 hombres a manos de sus parejas, mientras 26.595 interpusieron denuncias por malos tratos producidos por la pareja o ex pareja. Con estos datos en la mano, las interpretaciones son diversas. Según Tina Alarcón, expresidenta de la Federación de Asociaciones de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales, "se trata de un tema muy minoritario. Existen casos de mujeres que utilizan la violencia para defenderse y casos de hombres muertos a manos de sus parejas por otros motivos que no estarían dentro de un cuadro de violencia doméstica". Así pues, mientras unos expertos aseguran que se trata de un colectivo invisible, un grupo radical de mujeres divorciadas se escudan en la legítima defensa. En el fondo de la cuestión subyace el estereotipo cultural, defendido por unos y criticado por otros, según el cual la mujer no es tan violenta como el hombre.
Brutalidad femenina
No obstante, esta afirmación es rebatida por
el psiquiatra Luis Rojas Marcos, quien en su libro Las semillas de
la violencia (premio Espasa Ensayo 1995) afirma que "los hombres,
por lo general, son más violentos, pero las mujeres afligidas por
el delirio de las sospechas pueden ser también brutalmente
agresivas. De hecho, los accesos de celos son la causa más
frecuente de homicidios conyugales y la fuente principal de
violencia por parte de la mujer hacia su marido o su amante".
Rojas Marcos también critica que "la idea de que los hombres son,
por naturaleza, más violentos que las mujeres no es correcta.
Los estudios más exhaustivos sobre los factores biológicos o
antropológicos no ofrecen ninguna razón convincente que apoye la
base física o sexual de la violencia". Esta afirmación es
compartida por otros expertos. "La agresividad es inherente a la
condición humana y por tanto, en determinadas circunstancias,
distintas para cada individuo, todos somos potencialmente
agresores", afirma la terapeuta familiar Gemma Majó mientras que
Eloy Rodríguez apunta que "no existe la violencia de género sino
de personas".
De todas formas, según Montserrat Comas, el fenómeno de los hombres maltratados como tal no existe. "No niego las cifras, pero históricamente las relaciones de poder las han ejercido los hombres. Lo contrario sólo ocurre de manera muy excepcional. La agresión no es una manifestación de relación de poder de la mujer" y pone como ejemplo los menores maltratados. "La mayor parte de imputados son hombres", apunta. Sin embargo, esta afirmación no se corresponde el estudio Maltrato infantil en la familia, que el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia presentó a principios del 2002. En el citado trabajo - basado en cerca de 33.000 expedientes de los servicios sociales- se concluye que de cada diez agresores, seis son mujeres y cuatro son hombres, aunque se matiza que los padres ejercen el maltrato físico y los abusos sexuales mientras las madres son las causantes de una violencia pasiva, identificada con la negligencia y la desatención a los menores.
Otro aspecto donde divergen las posturas es en el maltrato psicológico. "Existen algunos casos pero son muy minoritarios", asegura Tina Alarcón. Los expertos, sin embargo, son rotundos en este tema. "Hay tantas posibilidades de maltrato psicológico de hombres a mujeres como de mujeres a hombres", puntualiza Álex Araujo, psicólogo del Servicio de Atención a Hombres Maltratadores del Instituto de Reinserción Social (IRES), quien incide en la necesidad de acabar con los tópicos: "Los hombres pueden ser unos grandes maltratadores psicológicos y las mujeres unas maltratadoras físicas terribles". En lo que sí coinciden las fuentes consultadas es en la gran vergüenza que sufren los hombres maltratados. "En nuestra sociedad patriarcal es difícil que un hombre pida ayuda. Tiene miedo a admitirlo pues juega el papel de cabeza de familia", apunta Álex Araujo. Por su parte, Tina Alarcón apunta que "es mucho más - difícil que los varones denuncien una situación de maltrato que una mujer, porque le da mucha vergüenza. Es un defecto más de esta sociedad donde la virilidad está mal entendida".
Otro de los problemas que impide conocer a fondo el problema es la falta de datos. "En España no hay ningún estudio sobre hombres maltratados y tampoco va a salir porque no interesa", critica Eloy Rodríguez. Donde si existen muchos trabajos al respecto es en Estados Unidos, donde el tema se aborda desde los años setenta. El profesor Martin S. Fiebert, del Departamento de Psicología de la Universidad de Long Beach en California ha recopilado 170 estudios, publicados por prestigiosas publicaciones especializadas en sociología, sexología y psicología, donde se demuestra que la violencia física y psíquica no es una cuestión exclusiva de los hombres. "No tenemos constancia de estos estudios", reconoce Tina Alarcón.
Entre los trabajos elaborados en nuestro país, algunos son muy críticos, como el que Gemma Majó realizó junto a la asistenta social Rosa Garriga Blasco y que presentaron el pasado año. Bajo el título ¿Víctima y verdugo o personas, relaciones y situaciones? Violencia conyugal y mitología social se apunta la existencia de una mitología sobre la violencia conyugal que podría emerger de la interacción entre el mensaje de los medios de comunicación y la opinión pública. Estas expertas apuestan por ofrecer "a partir de una mirada sistémica, una visión más compleja, circular, multicausal y multifactorial de la violencia conyugal donde se tengan en cuenta las relaciones y las circunstancias". Majó critica que "el hecho de hablar de buenos y malos es parte de un discurso que acentúa el rol y alimenta el mito. Presentar la violencia conyugal como una violencia sin sentido provocada por un hombre diabólico, enfermo mental o drogadicto y una mujer víctima inocente, indefensa y sin posibilidad de salida, es una visión simplista, que cronifica el problema e impide su solución". Para esta experta lo prioritario es plantear "el fenómeno social en toda su complejidad y no sólo como una conducta exclusivamente masculina, sino como un problema que se genera en el ámbito de las relaciones, donde se tiene que abordar".
La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria,
incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder
excesivo.
Demoscopia 1995. El País
Última actualización: 08.03.2007