Caso Alba
Caso que evidencia los males de género: mientras el entorno de la madre casi acaba con la vida de la menor dejándola con heridas irreversibles, al padre le apartan de su hija con medidas de alejamiento de la madre y así poder hacer de las suyas.
El caso aunque conmocionó a la sociedad, no pudo con todas las conciencias de género.
"Es posible que nos
engañase a todos y que ocultara información", admite la Generalitat.
— También es posible que les engañe todo aquella que quiera engañarles.
¡¡Es tan sencillo!!
--Con el manual de género ¡¡es tan sencillo engañar a fiscales, jueces, psicólogos, asistentes sociales, medios de comunicación... la psicosis de género ayuda ¡tanto!.
Ver Credibilidad del Testimonio
Todo está bien, no pasó nada. En cambio El Sindic si ve algo
Ver terrorífico video del padre sobre su hija.
Ahora el padre empieza un largo peregrinaje para demostrar que no es un criminal, y poder tener a su hija. Cuando una mujer no trabaja, le puede dedicar todo el tiempo del mundo a sus hijos, cuando es el hombre, entonces es un inestable financiero. ¡Son las cosas del género delirante!. Una mujer, en cuestiones de género, es inocente aunque ponga denuncias falsas, en cambio un hombre es siempre culpable hasta que no demuestra varias veces su inocencia.
Como os podréis imaginar nuestra imaginación no da para estos ejemplos.
El País, dando muestras de un periodismo de gran altura, y siguiendo el guión de género delirante oficial, vuelve a acusar al padre de maltratar a su hija diciendo que está en la cárcel. Este es el periodismo de élite del principal periódico de nuestra querida España. ¡¡Qué más podemos pedir!!.
Os invitamos a que les digáis lo que pensáis sobre este tipo de error reiterado en esta dirección de El País.
Si queréis saber la verdad del caso, me parece que nos tendréis que leer aquí.
Queremos reflexionar sobre el caso de Alba. (Ver también esta noticia) ,que tanta alarma social (comentada) ha despertado, porque entendemos que sólo tiene de singular las consecuencias horribles en la que ha quedado la menor, y al margen de los autores materiales, ha dejado en evidencia lo que, a nuestro juicio, es maltrato institucional de género. Nos duele que se debata entre la vida y la muerte, pero nos desgarra el sufrimiento emocional que esa niña ha sufrido, y que como en otros muchos casos nuestra Administración de Justicia ignora.
Ya han pasado muchos días desde que supimos de lo ocurrido a Alba y quien es el presunto autor(es). Hoy 23.03.2006, nos informan de primerísima mano que no le dejan ver al padre a su hija, y es posible que la pobre no salga de ésta, ya que le han tenido que volver a poner la respiración asistida. Todo porque una persona que está en la cárcel, tiene puesta, según el guión de género, una denuncia contra el padre por abusos sexuales. Ya os podéis imaginar la credibilidad que tiene este tipo de denuncias cuando la madre cuida de su hija como lo ha hecho, y esta miente casi tanto como habla .... pero la justicia a veces es como una apisonadora. Son los procedimientos, la lentitud, la inoperancia, lo que prevalece por encima de la eficacia, salga el sol por donde salga. No sabemos cómo quieren que confiemos en esta justicia en estos tiempos, cuando prefieren el correo a un simple teléfono para resolver un caso en el que la vida de una menor estaba en juego.
Nosotros no creemos que haga falta ni más dinero ni mas medios. Hace falta gente competente, con al menos el mismo sentido común que el padre de Alba demuestra., y del que tantos carecen, y sean capaces de ver que la hipótesis única dogmática de género es perversa y produce muchas injusticias, como el pensamiento único. La única persona que merece toda nuestra atención es la VICTIMA, sea hombre, mujer, niño, niña, anciano, anciana, español, extranjero, moreno, rubio, gitano, payo, negro, blanco o violeta. Cuando se ponen sesgos en las percepciones y se prejuzga, se crean más víctimas inocentes, y la gente pierde la confianza en las instituciones y sobre todo en la más que cuestionada justicia, que luego necesitará de mucho tiempo para recuperarla, si es que se recupera.
En cuanto a la incompetencia, nos agrada saber que dentro de la inmensa incompetencia, por muy competentes que haya que suponerles, al menos hay funcionarios que son capaces de hacer introspección y captar, al menos parcialmente algo de su infinita incompetencia. Nosotros con el simple conocimiento que dan la lectura de autores competentes, ya sabemos mucho más de lo que los jueces y funcionarios saben sobre la credibilidad del testimonio, y sabemos con qué actitud habría que atender los testimonios de unos y otros, y sabríamos que nuestras impresiones personales son engañosas, y que ante la más mínima contradicción, habría que buscar activamente, ya que es un claro indicador (sólo indicador) de denuncia falsa. Pero parece que a los funcionarios que tienen que lidiar con los testimonios, no les ensañan nada de lo que nosotros publicamos, con lo que recomendamos a todos que cubran esa deficiencia, leyendo nuestra página y mejor aún leyendo este libro que recomendamos. Cuando entiendan algo de lo que ahí se dice, y aprendan a aplicarlo, las cosas cambiarán. Ahora bien, la venda de género que lleva la mayoría de jueces, policías, psicólogos y asistentes sociales, nos tememos que les impedirá enterarse ni si quiera de lo más simple, y mucho nos tememos que sus niveles de conocimiento y destreza permanezcan en esos niveles tan lamentablemente bajos y por supuesto inferior que el de cualquiera de nuestros lectores con un mínimo de curiosidad. Es así de lamentable, nos tememos. Luego dirán que fue problema de coordinación.
La negligencia y la desidia toma unas proporciones tales en este caso, que algunos que insisten en no querer ver, le llaman maltrato invisible, a pesar de que tuvo unos cuantos huesos rotos. Si quieren empezar a ver la verdad, les sugerimos que dejen de leer doctrina fundamentalista de género, y consulten nuestra bibliografía científica sobre el maltrato. Este caso no tiene nada que no esté escrito en estas páginas. Nada. Si los profesionales que han entendido de este caso fuesen la mitad de competentes que nuestros psicólogos, esto no hubiera pasado. Pero claro nuestros psicólogos poseen tal nivel de conocimiento de maltrato infantil, que resultan muy incómodos a algunos jueces de género, aunque otros jueces, nos consta, que aprenden de ellos: es como si de pronto vieran la luz, y empiezan a entender lo que antes no podían comprender, pero son los menos. Los que no aprenden tanto, son los psicólogos de género. Estos son como loros, hablan de género, pero entienden poco, y sobre todo presentan grandes carencias para dejar de delirar. Ya lo decía Einstein, cuando desconocía la estupidez de género que estaba por llegar:
Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, y de lo primero no estoy seguro.
Como habréis notado, aquí no hablamos de los fiscales, porque sería una pérdida de tiempo fijarse en ellos, ya que no encontramos ningún punto de referencia que merezca la pena comentar. Creemos que su actuación es tal, que cualquier lego sabe rápidamente de que van.
En este caso ha trascendido a la opinión pública cuando ya fue más que evidente, o sea tarde, lo que estaba ocurriendo y quizás porque, en un principio, según el guión de género delirante, se pensó que era el padre el responsable, y la siempre víctima madre, pues lo había dicho muchas veces, sin que le hicieran caso, y caso no hicieron a lo que parece eran denuncias falsas contra el padre, tal y como corresponde al guión del ideario de género. Pero, como la verdad es tozuda, dicha verdad se ha ido abriendo paso, a pesar de que sabían la verdad no creída por ser contraria al guión de género, que incluye la desidia administrativa, aunque no dudamos que ésta se de dentro del más estricto y escrupuloso orden legal establecido, que no tiene por qué garantizar el bien supremo del menor, aunque se use con tanta ligereza, por los que luego no lo garantizan. Por el camino hubo que escuchar algunas calumnias entre rectificación y profundización, más propias de regímenes totalitarios y racistas, que de un estado de derecho.
El padre, por lo pronto y a diferencia de la madre, aún no se desprende del adjetivo de "biológico", ya que parece que la menor tiene dos padres: el verdadero ("biológico"), y el que la madre le ha buscado, lo que no deja de ser un maltrato a la menor, ya no sólo de la madre, sino social, porque a la niña se le hace creer de la existencia de dos padres, lo que le afecta negativamente a su equilibrio psíquico. En estos casos los menores llegan a preguntarse cómo es posible que hayan nacido dos veces. Claro que esto no es tanto como debatirse entre la vida y la muerte, y tener que esperar para ver que secuelas le quedan de por vida.
Todo esto pasó a pesar de los signos evidentes como denuncias falsas que la madre había puesto. Claro que si se tomaran en serio las denuncias falsas .... quizás no habría cárceles suficientes, y mejor hacer la vista gorda, con los riesgos que lleva ....
Hay que insistir en que las denuncias falsas hay que perseguirlas, y que cuando una denuncia falsa, del tipo de abuso sexual, se produce, alguien debe ir a la cárcel, o el denunciado si se demuestra, o el denunciante si no.
En este caso, en nuestra opinión, se dan todos los ingredientes que observamos en muchos casos, que muchos de vosotros nos contáis, y que podríamos considerar como parte del guión delirante de género, a la que tanto muchos jueces de género como psicólogos de género parece que se prestan en materializar:
¿Que hubiera ocurrido si se le hubiera escuchado al padre, y si se hubiera investigado la falsedad de las denuncias que sufrió?. Sólo hay que leer lo que dice el padre y lo que decimos sobre credibilidad del testimonio, para que a uno le asalte la duda de si estamos ante un caso de negligencia judicial y policial colectiva (porque se repite una y otra vez) de género, que muchos menores, hijos de padres separados / divorciados, sufren en mayor o menor grado, pero sufren. Para nosotros lo único novedoso es lo extremo de la agresión físicamente visible, que a diferencia de otras no se puede pasar por alto, y cuya realidad ningún juez puede manipular, lo que ha permitido que en este caso la opinión pública se haya hecho eco.
Por cierto, queremos desde aquí señalar el papel del Diario de Sevilla que ha decidido no seguir el guión de género informativo, y escuchar la voz de un encarcelado, por denuncia infundada (falsa), que como consecuencia del guión de género, fue tratado como maltratador por su condición de hombre separado, convirtiéndolo en una víctima más de la ideología de género que la Administración está aplicando con todos los medios de los que dispone.
Llama la atención cómo en este caso se dan los elementos que denunciamos en nuestras páginas:
Esto a nuestro juicio convierte al Poder Judicial en una fuente de maltrato institucional, que, por otro lado, consideramos de carácter generalizado. No vamos a negar que las consecuencias en el caso de Alba han ido más allá de lo que es habitual, pero sabemos que no es el único caso, ni el primero ni el último para desgracia de miles de niños, y no podemos dejar de pensar, que la razón por la que haya podido trascender a la opinión pública es porque en un primer momento se pensó que era un caso del guión de violencia de género, que luego se demostró ser del antigénero, que según la propaganda oficial no existe, aunque sea real, lo que nos lleva a considerar la posibilidad de un delirio colectivo o quizás, más acertadamente, delirio de Estado.
Insistimos en que echamos en falta las palabras de Montserrat Comas (más allá de mencionar la omnipresente descoordinación), así como de la ciudadana PdelC, y de la asociación de mujeres Themis, que parecen no interesarse por la violencia de las madres sobre sus hijos. ¿Pretenden protegerlas?. ¿Su silencio es de complicidad?. Quizás fuese bueno que nos dijeran si luchan con el mismo entusiasmo frente al maltrato infantil que contra el otro que llaman de género, aunque claro, son capaces de ver cuestiones de género hasta un lápiz.
Veamos como la triada culpabilizaba al padre a través del testimonio falso de la madre y siguiendo la triada mágica que permite asegurar sin remordimiento de conciencia la culpabilidad del padre:
La consecuencia lógica de cumplir los tres criterios es que el padre era culpable, claro que nos preguntamos si debe seguir siendo considerado así al margen de la realidad. ¿En qué ha fallado?. Pues que una cosa es lo que una serie de señores se puedan inventar para poder condenar con aparente rigor, y satisfacer la necesidad de tener un chivo expiatorio del que servirse (atender a las necesidades propias y presiones sociales), y otra cosa muy distinta es es la VERDAD, cuyo acceso requiere rigor, tiempo y conocimientos especializados, además de un entrenamiento específico, elementos que hoy por hoy brillan en la judicatura por su escasez, si no ausencia. Quizás convenga recordar lo que piensan los supuestos expertos en credibilidad (no tanto de la veracidad) del testimonio, sobre la forma de interrogar de los jueces. Merece la pena volver a resaltar un error injustificable que nuestros jueces cometen a diario cuando se encuentran ante un caso de malos tratos con mujeres por medio y que el Sr. Garrido pone de manifiesto: el de tener una sola hipótesis en mente. En este sentido os invitamos a leer estas reflexiones: Malos tratos, malas tretas, y nuestra bibliografía sobre las mentiras. Merece la pena.
Según fuentes próximas, el Juez que llevaba la causa penal del padre, por denuncia de la madre, ha dictado un auto por el que se archiva, con lo cual ya suponemos que le permitirán ver a su hija, y se dejará de vulnerar, esperamos, el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos y Fundamentales.
Se ha seguido hasta el final, quizás con un poco de cordura en los últimos instantes, y con mayor rapidez de la usual, el guión delirante de género, por el que cualquier maltratadora, o criminal hembra, pone en apuros, privándole de los derechos fundamentales, a su ex- pareja varón, según el guión delirante del manual de género en lo que a denuncias falsas se refiere.
Nos gustaría saber que opina doña Montserrat Comas, y organizaciones sexistas como Themis y asociaciones de divorciadas extremistas,, sobre esta denuncia de género falsa, y si le parece bien que el padre, por una denuncia falsa, no haya podido estar con su hija en esos momentos tan difíciles, por motivo de su causa penal abierta contra él. También nos gustaría saber si van a "presionar" a los jueces para que actúen contra las denuncias falsas puestas por mujeres, con la misma decisión que defienden que las mujeres denuncien.
Ahora parece que dada la evidencia de incompetencia múltiple por defecto, quieren dar lecciones de incompetencia por exceso, que es otra forma de maltrato institucional, y empiezan a retirar más tutelas que antes, incluida la Generalitat, en lugar de limitarse a aprender a hacer su trabajo bien hecho, y a hacerlo dejándose de trabas administrativas de carácter burocrático de las que la realidad, tozudamente, no quiere saber nada.
Jueces y policías parece que se enfrentan, y se acusan, sin mirarse a sí mismos, porque eso lo saben hacer muy bien, y porque quizás su ignorancia les impide averiguar dónde deben mirar. Si es ese el caso para ellos y para aquellos que tienen un deseo genuino de hacer autocrítica, les sugerimos que se lean nuestra página donde les damos más de una pista.
La madre siempre está dispuesta a repartir culpas en función de la música que suene, y ahora teme al padrastro.
Lo cierto es que nuestro Poder Judicial, es lento para aprender, y aprende poco, pero queda un margen para la esperanza, porque en algunos casos, rectifican, aunque no pagan ni una mínima parte del daño que pueden evitar.
La justicia es
lenta, ineficaz, arbitraria, incoherente, discriminatoria con los
acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder
excesivo.
Demoscopia 1995. El País
Última actualización: 26.04.2008