Caso Lugones
Las feministas saltan sobre el juez porque pretende el bien del menor sin reparar en la doctrina fundamentalista de género.
El caso de Lugones es otro de alienación parental, donde nada más salir, al juez le buscan problemas. Fijaros bien porque la noticia sigue el patrón del ideario de género, con conceptos y máximas que se tienen bien aprendido.
El padre es acusado en falso por maltrato. Para acusar al padre, se lava el cerebro a la pequeña. Afortunadamente, unos jueces, jueces, es decir, no jueces de género, se dan cuenta de la situación, y declaran inocente al padre cambiando la custodia de la madre al padre.
Como medida de presión para que los jueces no se atrevan a salvar al menor de esa situación, hay que reconocer que está bien ideado. Por eso creemos que los jueces no están actuando, salvo honrosas excepciones, libres de presión.
Aquí vuelve a repetirse el guión de género: en cuanto un juez cambia de custodia al padre en el caso en el que han lavado el cerebro al menor, estos grupos delirantes de género, salen a la calle, para que las denuncias falsas sean consideradas por ciertas, como suele ocurrir más de lo deseable.
Esta sentencia ha sido ratificada, y se reconoce lo que tantas madres hacen y muchos ignoran: distorsionar la imagen del padre para que sea odiado, privándole así de una figura necesaria para su desarrollo pleno.
La sentencia dice:
El tribunal considera probado que «el trastorno materno», por el que distorsiona «intencionadamente» la imagen del padre de los menores.
Como en tantos casos que prefieren, a diferencia de éste, ocultar debajo de la alfombra. Se notan que el que ha escrito esto, no sabe muy bien lo que escribe, pero se entiende.
Ahora bien, deberían saber que están yendo contra la lógica, y que algún día pediremos responsabilidades, porque la última palabra está por decir, y ya sabemos cuanto cuesta haber separado un hijo de un progenitor, lo dicen el caso de Sevilla, y estos delitos, no prescriben.
Última actualización: 26.04.2008