El delirio y sus peligros.
Jueces psíquicamente enfermos están realizando instrucción y poniendo sentencias. Los desaguisados son inimaginables.
Esta es una página que quizás resulte polémica pero ni pretendemos en este caso hacer algo puramente científico, lo que sería un ladrillo, ni pretendemos salvaguardar vuestros egos, lo que puede generar cierto rechazo. Nuestra pretensión es explicar un fenómeno cotidiano que todos sufrimos, para que se puede detectar, vuestros delirios y los de los demás, y así poder ver las cosas desde otra perspectiva, y poder ejercitar mejor vuestra libertad de decisión, con más elementos de juicio, y todo ello desde la conciencia de que el rigor no será máximo, pero consideramos que suficiente para andar por casa.
Testimonio #1 de lector de Secuestro Emocional:
Hola, me llamo XXXXX tengo 37 años y quisiera contarles mi caso ya que no se que hacer para resolverlo:
Estoy casado desde hace 12 años y tenemos un hijo de 6 años. Mí esposa me acusa desde hace 6-7 años de que tengo relaciones extramatrimoniales que nunca han existido de ningún tipo, se inventa personajes que dicen haberme visto, “pillado”, etc.
Me insulta constantemente, se lleva mal con cualquier persona que no le de la razón etc. Es propensa a estar continuamente en el medico porque dice que tiene “infartos, cáncer, y otras enfermedades” las cuales no padece según el medico de familia.
Continuamente trata a nuestro hijo cuando está sola de manera humillante, le dice cosas como: que tu padre tiene otras mujeres y a ti no te quiere, quiere a otros niños etc. Cuando no sabe ponerse alguna prenda lo insulta. Mi hijo me cuenta que le da susto cuando mamá dice esas cosas.
Durante un año hemos estado asistiendo a terapia de pareja con una Psicóloga y lo dejo un buen día porque decía que yo tenia un “lio” con la Psicóloga.
Lo que más me preocupa es que ella lo sufre como real esta todo el día mal y ahora ha decidido “castigarme” pidiendo la separación y amenazándome que me quitará el niño para hacerme daño donde más me duele. Yo le digo que necesita ayuda medica que pasa algo que no esta bien, y ella me contesta que lo demuestre.
Mi pregunta es que si esto que les explico cuando lleguemos al gabinete Psicosocial ó Psicólogos del juzgado es algo que se pueda detectar fácilmente y si puede ser un trastorno grave o perjudicial para mí hijo
...... Sí, realmente ella cree que eso sucede, y no tengo forma de hacerle ver que esta equivocada, continuamente me pide que reconozca que tengo otras mujeres
— Sin duda la madre tiene una gran motivación para cambiarle la vida al padre y al hijo con la ayuda del delirio de género, del que élla es un gran exponente. Debería proponerla como ideóloga de género dentro de las políticas de igualdad de la mujer; sin duda sería útil para una camapaña de represión y castramiento precoz de los portadores de pene.
El delirio está asociado a las páginas más siniestras de la historia de la humanidad, sobre todo cuando ese delirio es compartido por muchos (colectivo), con lo que sugerimos prestéis atención a este simple pero debastador fenómeno, que a todos nos puede afectar en ciertas parcela de nuestra vida, y que conviene saber identificar, que aunque simple, por su aspecto pasa perfectamente camuflado en nuestro día a día.
En primer lugar tenemos que revisar el concetpo de delirio. Cuando una persona cuenta que oye voces que nadie más oye o ve cosas que nadie más ve, rápidamente se le cataloga como chiflada y se activan todas las cautelas ... de forma proporcionada o no, según las ideas y valores de cada cual. Lo importante aquí es que todos estamos de acuerdo en el diagnóstico. Ahora bien, aquí hay una cuestión que complica las cosas. El delirar no significa que sean tontos, y ellos mismos saben que el entorno censura sus manifestaciones delirantes, con lo que terminan aprendiendo a disimularlas y a ocultarlas, para que sean más difícilmente detectables. Digamos que el sujeto aprende a identificar los tonos, los aspectos que le permiten, en definitiva, identificar sus delirios para callarlos y así parecer normal evitando el rechazo.
Hemos hablado de personas de cosas que se ven, o de sonidos que se oyen, sin que nadie más las oiga o vea. Pero también existe el delirio de las ideas, y el problema es que socialmente son más tolerables, y por cuestiones culturales, más difícilmente identificables.
Para ser más precisos habría que decir que el conocimiento que se posee es una mezcla de hechos que se perciben por los sentidos, mezclados con inferencias. Eso nos pasa a todos, pero todos no sabemos poner la línea que separa la percepción de la inferencia de la misma forma, y en la manera que la línea se mete dentro de la inferencia y consideramos percepciones lo que son inferencias, estamos delirando, y cometiendo errores. Ahora bien estos errores no son fortuitos, sino necesarios, porque la persona necesita ver como real sus inferencias, para evitar sufrimientos mayores. Cuanto más invada la línea que divide la percepción de la inferencia, en el terreno de la inferencia, más delirio podremos encontrar. Estas personas verán como una amenaza a aquel que intente hacer ver que la realidad no coincide con su inferencia, y tendrá que prepararse para recibir una clase u otra de violencia si no desiste de su intento de hacerle ver la "realidad", ya que está atacando a su mencanismo delirante de defensa, que a fin y al cabo es es el delirio, un mecanismo de defensa.
Para poder identificar este grupo de delirios de ideas, hay que empezar por plantearse cuales son las fuentes de percepción, que como todos sabemos son los sentidos que nos conectan con el mundo exterior: vista, oido, gusto, olfato, y tacto. Dicho de otra manera, cuando hablamos de las percepciones, o de la realidad, sólo podemos hablar de lo que vemos, oímos, tocamos, olemos, o saboreamos, y esto con más o menos distorsiones. Por ejemplo es típico que una misma imagen vista por dos forofos de equipos contrarios, vean la jugada de forma diferente, no porque la imagen se preste a una confusión, sino por la diferencia de pasiones que despiertan los equipos en cada persona.
Pero no nos referimos a este tipo de distorsiones, que sin duda existen, nos referimos a las cosas que se "perciben" fuera del mundo de los sentidos, como decíamos antes, las inferencias. Por ejemplo: la intención de las personas cuando dicen o hacen algo, que es algo que mucha gente cree saber y que si se pregunta cómo lo saben, se verá que no hay base sensorial que lo permita explicar, sino que es una inferencia que se hace a partir de una observación y no siempre concreta, y esa inferencia puede ser correcta o no, pero nunca dejará de ser una inferencia. No está mal hacer inferencias, pero hay que saber que se están haciendo, y hay personas que tienen especiales dificultades para distinguir entre observación e inferencia, y en este grupo hay que incluir a psicólogos, con el peligro que tienen estas inferencias en los tribunales. Nos viene a la memoria un pseudopsicólogo que puso en un informe que la niña iba mal preparada por el padre para visitar a la madre. Esa frase le costó, suponemos que por ser hombre, un juicio penal, en el que se le pedía prisión, por ser hombre. Otro psicólogo tuvo que explicar al juez, que este personaje no pudo percibir dicha realidad, y que era una inferencia, y además infundada del mismo.
Hay inferencias, que pueden ser consideradas como razonables y otras no, puediendo estar incluso inducidas por paranoias, como los de la gente que piensa que todo el mundo le persigue, incluido su ex -.
Un especial peligro lo representas aquellos jueces que no saben distinguir entre hechos e inferencias, haciéndose visible en las mismas sentencias que escriben, hasta el punto que el Tribunal Supremo ha tenido que inventarse una regla para no tirar por tierra muchas sentencias de los juzgados, sin que consideren la posibilidad de retirar a dichos jueces y reducir así el parque de jueces delirantes de la justicia española. Lo vamos a ilustrar con un ejemplo clarificador:
Se da por probado que Antonio llevaba 67 Kg. de droga en el maletero de un cohe azul, matrícula xxxx que pensaba vender.
Supongamos que no hay ninguna prueba que pueda acreditar dicha venta, sino que el juez lo induce. ¡Qué pasaría si el abogado lo apela?. Pues que el Tribunal Supremo quitaría de la frase la inferencia "que pensaba vender", porque no se puede apreciar por los sentidos, y la sentencia da por probado que llevaba 67 Kg.,... etc. y entonces dice que con esa cantidad, es lícito inducir que era para traficar, y por lo tanto sería ajustado a derecho condenarle por tráfico, partiendo del hecho de que queda acreditado que tenía esa cantidad. Podemos pensar que para la gran mayoría de los casos es correcto, pero nadie podrá estar seguro de que un chiflado decida comprar 67 Kg. para uso privado, que estaría permitido por la ley, pero los jueces para no quedarse sin trabajo, tienen que inventase reglas de este tipo, para "arreglar" las enormes chapuzas legislativas que tenemos. Sería muchísimo más práctico y nadie se llamaría a engaño, si la posesión de droga estuviera penada, y esta pena fuera proporcional a la cantidad aprehendida.
Imaginaros ahora esta frase:
Se da por probado que Antonio llevaba droga que pensaba vender.
¿Qué haría el Tribunal Supremo?, quitaría la lectura del pensamiento y quedaría sólo probado que Antonio llevaba droga, con lo que queda estimada el recurso, porque lo que le había condenado era el delirio del Juez, pues sólo había la prueba delirante, del que cree que puede leer el pensamiento de las personas.
Frases de tipo deirante son:
Como todo el mundo sabe .... - ¿Cómo sabe que lo sabe todo el mundo?.
Nadie hace ... ¿Cómo sabe que nadie ..?
Me miró con intenciones perversas.- Las intenciones no son observables, y a lo mejor lo que le ocurría es que le dolía la muela.
Lo hizo sin intención de... ¿Cómo ha podido observar la intención?
Lo hizo con dolo. ¿Cómo ha podido observar el dolo?
Dictar sentencia injusta a sabiendas ¿Cómo ha podido observar si es a sabiendas o no?
Podemos pensar que son formas de hablar y lo son, pero toda forma de hablar lleva consigo un pensamiento, y ese pensamiento, a veces, lleva componentes delirantes, en este caso el de pensar que todo el mundo comparte una idea del que habla, y no sin poder manipulador, pues se pretende, quizás inconscientemente, echarle encima al oyente, nada menos que la opinión de todo el mundo, dejando al oyente sin ningún aliado que pueda compartir otra idea con él. Cuando esto se hace de una forma natural y espontánea estamos sin duda ante una delirio compartido, y ante el que la sociedad no reaccionea adversamente, pero que es muy peligroso por las disfunciones tanto perceptivas como comunicativas que lleva consigo.
Dicen que las palabras son inofensivas, y no siempre es así. Las palabras tienen muchos efectos, y no todos son conscientes.
En las periciles vemos delirios, que son para echarse a temblar sin que su señoría se entere muy bien, nos tememos. Algunas de las frases son:
El sólo quiere ver a las niñas para fastidarme.
La gente trata de fastidiarme.
No prepara a las niñas para ver a su madre. - cuando no ha podido verlo personalmente
Presenta una serie de escritos con intenciones obscuras, y que este juzgado ha dado entrada por cortesía ....
Se ha presentado a este equipo con un actitud poco colaboradora, atreviendose a acosejarnos que leamos un libro de Síndorme de Alienación Parental ...
Siempre está merodeando - aunque nunca lo ha visto
En Valencia nos pasaron una sentencia en la que el padre fue condenado porque tomaba fotos de sus hijos. Fue denunciado por los servicios sociales de los que recabó su ayuda por pensar que sus hijos estaban siendo manipulados por la madre. Todo el proceso era delirante, y más aún la sentencia condenatoria, pues identificaba, y no una ni dos ni tres, doctrina y leyes que se referían a la difusión y distribución de imágenes de menores, con la toma de esas imágenes, como si fuera lo mismo. Al leer la sentencia apreciamos la posibilidad de que la jueza tuviera algún trastorno delirante, y al hablarlo con compañeros de Valencia, nos dijeron que esa jueza ya estuvo suspendida por el CGPJ, y que corrían rumores de que le daba a la droga. Evidentemente no sabemos si le daba a la droga o no, pero sí que el consumo de estupefacientes está asociado a los delirios, que es lo que apreciamos en la sentencia.
Esto nos lleva al aspecto del estado mental de los jueces, algo de lo que a muchos les asusta hablar, pero que tenemos que hacer. Nos preguntamos por qué a los pilotos o a las personas que llevan armas se le hace psicotécnicos para probar su idoneidad mental, y a un juez que se pasa el día valorando actuaciones de los demás no.
¿Cómo pueden afectar los delirios de un juez a una persona?. Hay que tener en cuenta que el principio de inmediación reconoce al juez una capacidad de percibir que no es recurrible, y en esas percepciones no argumentadas y que se dan por ciertas, pueden estar influidas por delirios, proyecciones propias, reglas falsas asociadas al lenguaje no corporal, etc., etc.
Esto no es hablar por hablar, sólo basta leerse unas cuantas sentencias con carácter crítico para darse cuenta de este fenómeno.
Se decía que el juzgador, no encontró en la misma un rechazo hacia su madre como opción de custodia, sino un rechazo a la propia separación de los padres. - Será por eso que la menor, a la que se le ha prohibido ver al padre ha denuciado a la madre por haberle causado lesiones físicas. Ahora bien, este juez, con esa capicidad sobrehumana de aveiguar lo que no puede apreciarse por los sentidos, decidió que la realidad era otra diferente a la que la menor narraba.
Este rechazo tenía su origen en una catastrófica gestion de la crisis conyugal por los progenitores y, en particular, por el padre. - De nuevo el principio de inmediación otorga al juez la capacidad de "ver" lo invisible.
(refiriéndose a la hija) la actitud obstinada de oponerse a la separción y culpailizar de ella y de la ruptura de la familia, con unos tintes dramáticos, era diréctamente imputable al padre. - Llama la atención la ausencia total de exposición razonada que partiendo de hechos observables, expliquen como ha hecho esa inferencia. Diréctamene lo "ve". Esa es la inmediación "delirante".
Lo que no se ha recogido en ningún sitio son las palizas que la madre pegaba a la menor, y que seguramente la menor nunca disfrutó.
Pero aún hay más:
.. extraños escrito que pretende justificar lo injutificable ... que han sido admitidos por un prable exceso de celo en respetar la garantía de su derecho de defensa. Aquí falta cualquier referencia a la realidad, sólo manifiesta ideas no observables. Los escritos tienen hojas, palabras, dice cosas que son perceptibles por la vista, pero lo de "extraño", ¿de qué color es?.
Por otro lado el padre y los hijos menores que culpabilizan claramente a la madre del proceso de separación de forma activa, incluso agresiva, y que se ve reforzado por la actitud del padre. - Esta actitud del padre es de ¡¡color rosa, con unos sonidos agudos que se emiten en la frecuencia de 27 Kilohercios!!. ¡Absolutamnte delirante!. ¿¿Os dais cuenta de como un delirio, cubierto de pseudociencia puede destrozar a todos unos menores??. Y todo porque a la madre le gustaba pegar, como a una que conocemos que veía como le tiraba cosas (zapatillas, cepillos, escobazos) a su hijo menor porque no lo podía controlar.
Pues todos estos delirios le han costado al padre un juicio por un delito de relaciones familiares, y todo porque la hija le prefiere a él antes que las palizas de su madre. ¡¡Es que hay niñas ... que prefieren la realidad de la vida a la realidad judicial!!.
... continuará ....
La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria,
incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder
excesivo.
Demoscopia 1995. El País
Última actualización: 04.03.2007