Criterios para quebrar la presunción de inocencia sin pruebas.
Algunos piensan que sin pruebas no te pueden condenar, porque eso sería como lo que ocurría con los nazis o los peores tiempos de los soviéticos. Esta es la doctrina jurisprudencial que permite condenar a prisión sin pruebas.
Para entender lo sencillo que es hacer prosperar una denuncia falsa, es bueno que conozcáis cómo se puede quebrar la presunción de inocencia con el sólo testimonio del denunciante.
Es doctrina del TS que para que el testimonio de un denunciante sea suficiente para quebrar la presunción de inocencia, con una mínima actividad probatoria, es necesario que su testimonio cumpla con los siguientes criterios (ver sentencia del TS):
O tal como dice esta otra sentencia del TS para fundamentar una sentencia condenatoria en dicha única prueba es necesario que el Tribunal valore expresamente la comprobación de la concurrencia de los siguiente requisitos, que implican la concesión de credibilidad a esa declaración testifical única, a fin de que la misma pueda ser considerada prueba de cargo y suficiente para condenar, así:
Llegado este punto y para poder apreciar la dimensión galáctica del error, reproducimos aquí la respuesta de una psicópata (experta en mentir) a la pregunta de si sabía mentir, tomadas del libro de Robert D. Hare titulado Sin Conciencia:
«Soy la mejor. Y soy tan buena mintiendo porque a veces admito algo malo sobre mí misma. Todo el mundo piensa, entonces, que si admito esto o lo otro el resto debe de ser verdad».
También decía que algunas veces
«añado un poco de sal» a la historia, un poco de verdad. «Si la gente piensa que algo de lo que dices es cierto, normalmente piensan que todo es cierto.»
Es decir, el criterio, tan pomposamente, llamado de verosimilitud, es en realidad el que los psicópatas usan para engañar y que nuestro tribunal supremo usa para hacer de la mentira la verdad.
Por si fuera poco, sobre la persistencia, el propio Tribunal Supremo en sentencia STS- 1063/2006 dice que lo de repetir puede ser signo de mentira:
«Por otro lado, la reiteración mimética en los testimonios inculpatorios no es un signo de credibilidad, sino que puede ser todo lo contrario. La persona decidida a imputar un hecho delictivo a otra, cuanto más falsa sea la acusación, mas cuidado tendrá en mantener una versión uniforme que no se vea alterada por circunstancias tan naturales como el transcurso del tiempo y su influencia sobre la percepción, cada vez más lejana, de los hechos».
Es más, si saben el criterio que aplican los juzgados, ya saben lo que tienen que hacer, que tampoco es tan difícil de simular, y es que la justicia española está especialmente diseñada para dejarse engañar dejando impune al que denuncia en falso, según la propia ETA.
La propia Junta de Andalucía enseña a las mujeres cómo denunciar para obtener la credibilidad, sea cierto o no:
"... su testimonio como víctima tendría por sí solo credibilidad ... Ud. persista en mantener los hechos denunciados"
Se parte de que es víctima para darle toda credibilidad a su testimonio lo que termina confirmando que es víctima. ¡¡¡Para que luego se diga que la talla intelectual de nuestros jueces no es para acojonarse!!!.
Dicho esto, no es de extrañar que se monte un chiringuito para enseñar la fácil capacidad de engañar a jueces intoxicados con técnicas de credibilidad del testimonio. Este informe de Javier Urra, habla de entrenamiento para engañar al juez, que en su página 7 revela uno de los trabajos del psicólogo:
✔ Entrenar al cliente en “técnicas de credibilidad” antes de declarar en un juicio.
Aunque nada que no sospecháramos ya, pues hace muchos años ya detectamos cómo se podía estar intentando engañar a jueces en "claves no verbales" de maltrato, a la vez que se podía estar instruyendo en como engañar al juez, previamente desinformado, lo que afectaría al Consejo General del Poder Judicial, que organizaba visitas desde hace años y al centro de mujeres maltratadas que alberga a personas que luego parece actúan en los juzgados.
Ante tanto despropósito, solo queda preguntarse por los miles de inocentes condenados por esta estupidez y la explotación interesada, bien ideológicamente, bien económicamente de personas que, mostrando una despreciable mendacidad, se valen de las estupideces intelectuales de nuestros jueces.
Lo que parece fácil entender es que entre la estupidez de unos, combinada con la maldad de otros, los inocentes condenados han de contarse por miles.
La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria,
incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder
excesivo.
Demoscopia 1995. El País
Última actualización: 25.04.2007