Dinámica del maltrato

El maltrato no es lo que nos quieren hacer creer las fundamentalistas de género. Como todo en la vida es una realidad mucho más compleja. Para luchar contra la manipulación informativa de esta lacra, nada mejor que informarse.

Algunos, por cuestiones de edad, aún recordamos aquellos tiempos lejanos, aunque no tanto, en los que darle una "pequeña" bofetada a una mujer, venía bien para suavizar la convivencia conyugal y donde el hombre que era agredido por su mujer, estaba tan mal visto, que se le podía dar otra paliza para que "espabilara". La Administración, a través de diferentes instituciones, daba pruebas de mostrarse a la altura de la sociedad de aquel entonces.

Sin duda las cosas han cambiado, se ha creado una ley especial para aplicar el Derecho Penal de Autor al varón adulto que agrede a la mujer adulta, recuperando así el espíritu del Código de Ammurabí, en Grecia, del Derecho Germánico primitivo, o el de las excomuniones colectivas o infamia para los hijos de herejes del Derecho Canónico o, más recientemente, el del Código Federal de Crímenes Políticos de la antigua U.R.S.S. de 1934, que penalizaba a familiares de desertores y traidores, vertiendo sobre el individuo una mal perfilada responsabilidad colectiva, en la que el procedimiento al que se somete al justiciable es diferente y la responsabilidad trasciende al grupo familiar o social. Quedan al margen las propias mujeres cuando la agresión provenga de otra mujer, o las niñas, cuando la agresión provenga de sus respectivas madres. Por supuesto el varón queda también fuera de esa protección especial, independientemente de donde venga la amenaza, y de la edad del mismo.

En este sentido la titular del Juzgado de lo Penal número 4 de Murcia, María Poza, ha planteado una cuestión de inconstitucionalidad sobre la ley de violencia sexista porque agrava las penas si el agresor es un hombre. Os podemos ofrecer el texto íntegro de la cuestión de inconstitucionalidad. Merece la pena leerlo, se aprende mucho. Queremos desde aquí entresacar el siguiente texto que nos parece de una sensatez inusual. Dice la SSªª.:

"Para perseguir con severidad el maltrato conyugal, fenómeno cuya gravedad en ningún momento se niega, bastaba con agravar las penas sin distinguir sexos. Como resultado, un mayor número de hombres resultaría castigado, en cuanto éstos son autores de estas conductas con mayor frecuencia estadística, todo ello sin comprometer el derecho a la igualdad; todo ello sin necesidad de comprometer el principio de culpabilidad o de responsabilidad por el hecho; todo ello sin riesgo para el derecho a la presunción de inocencia y todo ello sin peligro de afectar la dignidad de la mujer. Ofrecer una respuesta escasa, pero realmente más grave, en apariencia inofensiva o simbólica, ubicada en un sector del ordenamiento en el que no pueden confundirse garantías y principios esenciales, con meros símbolos decorativos, arriesgar la coherencia interna del sistema y sus propios fundamentos, con el fin de enviar a la ciudadanía, a los colectivos de mujeres o de mujeres maltratadas, un mensaje de engañosa contundencia, no parece una justificación razonable y objetiva para la desigualdad generada, sino, más bien, "un patente derroche inútil de coacción que convierte la norma en arbitraria y que socava los principios elementales de justicia inherentes a la dignidad de la persona y al Estado de Derecho" (STC 55/1996) "

Una segunda cuestión ha sido planteada por considerar inconstitucional que una falta leve sea considerada un delito en caso de que el hombre sea quien la realice. A la acción valiente de Dª María Poza, se han unido tres asociaciones de Jueces defendiendo la inconstitucionalidad de la ley sexista, aprobada por el Parlamento Español, lo que vuelve a poner en evidencia lo desaconsejable que resulta hacer política con la Justicia. Os recomendamos la lectura de estas noticias tomadas de El País.

Tanto antes como ahora, se ignora lo que es el maltrato psicológico, que es un elemento de esa rueda del maltrato, que llegan a sufrir también los menores de una forma singular en las causas de divorcio, y que es el que a nosotros nos ocupa.

Una ciudadana más, aunque no tanto por su capacidad de llevar al papel unas ideas tan profundas, ha mandado una carta al director del IDEAL, que con su permiso queremos hacer nuestra, y que os invitamos a leer, sobre el maltrato al que padres e hijos se ven sometidos por funcionarios bien remunerados en nombre del bien supremo del menor.

Para empezar, y para evitar caer en el debate social tan políticamente dirigido hacia una visión sexista de la problemática, que, por supuesto, no compartimos, queremos recordar algo que por obvio a veces se suele olvidar: las mujeres y los hombres, tienen padre (hombre) y madre (mujer). Esto simplemente para recordar que en la rueda del maltrato hay muchas armas y que esta cadena, que se transmite de padres a hijos, todos (hombres y mujeres) estamos de alguna manera implicados, al menos como corresponsables, por ser miembros de una sociedad donde el fenómeno del maltrato se produce, y como no, la Administración que, con su habitual torpeza intelectual, no sólo no logra atajar el problema, sino que además actúa con una torpeza difícilmente superable agravándolo y banalizándolo a veces.

En el maltrato psicológico se establece una dinámica perversa entre personas, y especialmente entre los miembros del entorno familiar que es precisamente entre los que se supone más amor, y apoyo debería de haber. Para los que prefieren una imagen a mil palabras hemos preparado el gráfico del maltrato - SAP que esperamos se entienda. A los que queráis saber que hacer, os proponemos analizar la opción que proponemos.

La Administración, en relación con la violencia psicológica que sufren adultos (mujeres y hombres) y niños, en el trabajo, en el "hogar", y en la escuela, ha dado y da muestras de una clara torpeza para comprenderla y encauzarla. Es aquí donde entramos los ciudadanos que, con nuestra siempre infinita capacidad de liderar las tendencias sociales, debemos insistir para conseguir hacer entender a la Administración cómo intervenir con mayor acierto (mucho más acierto) en este tipo de delito contra la integridad moral de las personas, y especialmente en defensa de la integridad moral de los menores.

Para estudiar esta clase de violencia, recomendamos firmemente el libro de Ana Martos, donde hace un estudio psicológico sobre la violencia en el ser humano, y la importancia que ha tenido en la supervivencia de la especie.

De especial interés, por el rigor empleado en su tratamiento, es el libro de José Luis González de Rivera, donde encontraréis las claves de esta lacra del maltrato, en las que las víctimas merecen un poco más de apoyo y compresión social, especialmente los niños, por las graves repercusiones que tiene sobre su maduración psicológica.

El origen del maltrato, hay que buscarlo en las relaciones familiares pasadas. Un acosador no surge por generación espontánea. Detrás de cada persona hay una historia de educación, de maduración, de experiencias que se repiten, de vivencias que marcan, etc. Detrás de cada víctima también hay una historia personal que le deja predispuesta para ello. También detrás de algunas supuestas víctimas existe lo que se llama victimismo, que no es más que otra forma de agresión sutil, si se quiere, pero agresión al fin y al cabo, y que debemos diferenciar. Los interesados en las técnicas de manipulación cotidiana, tenéis una estupenda guía de Juan Carlos, que os aconsejamos mirar. ¡No tiene desperdicio!.

Es importante tener claro que para que una situación de maltrato psicológico pueda mantenerse, es necesario que el entorno participe como cómplice o al menos consentidor (ver bibliografía). El aislamiento social de la víctima, propicia su acoso, y por eso es tan importante para el acosador socavar los contactos sociales del acosado. Este acoso hay que entenderlo como una dinámica en la que intervienen, acosador, acosado y entorno social (y por supuesto judicial).

El acosador es una persona que necesita (como el drogadicto la droga) dominar a su(s) víctima(s) para intentar (nunca lo logra) conseguir autoestima. En el acosador se encuentra mediocridad (ausencia de interés, aprecio o aspiración hacia lo excelente), envidia (sufrimiento por el bien ajeno y goce por su mal) y necesidad de control (les gusta lo mecánico, lo rígido, lo predecible y lo controlable) con un profundo deseo de notoriedad e influencia sobre los demás. En él se puede apreciar rasgos narcisistas, y paranoides. Estos rasgos paranoides, se pueden ver en actas de las vistas judiciales, sin que nadie se percate, o al menos dé muestras de enterarse, por ejemplo: " le impedí a ver a las niñas, porque me amenazó con la custodia compartida". Estos rasgos de personalidad, permiten al acosador convencerse de la razón y justicia de sus actos.

En cambio el acosable es una persona con una gran empatía que valora mucho las relaciones interpersonales, y que está dispuesta a poner más del 50% que le corresponde por mantener la relación, lo que le hace vulnerable a las demandas del acosador. En el acosado(a) encontraremos la autenticidad entendida como conpromiso con sus propias dinámicas de desarrollo interno, la inocencia como incapacidad para descubrir las intenciones ocultas de los demás, y la dependencia afectiva, como necesidad de ser querido(a) y aceptada(o). Todo esto le convierte en un blanco propicio para el acosador. Curiosamente, todas estas características del acosable, le hacen entender y responder mejor a las necesidades de afecto de los demás, y por eso suelen tener mejores relaciones con las personas a su cargo con los que el intercambio afectivo es más importante, que con sus iguales o superiores, con los que los que predominan más las dinámicas competitivas.

El acosador percibe la autenticidad del acosado como desprecio por la autoridad, desinterés por lo colectivo y tendencia a ir a lo suyo. La inocencia como una actitud orgullosa e insolente que no tiene en cuenta las pretensiones y el status de los demás y la dependencia afectiva, como una debilidad que hay que aprovechar como primer punto de ataque.

Esto es una situación no desprovista de cierta curiosidad, ya que el mecanismo de violencia que se encuentra tan arraigado el reino animal, se convierte en la especie humana, justo por falta de autoestima, en una situación perversa de acoso. En efecto, es conocido que la violencia, juega, dentro del reino animal, entre congéneres, una función jerarquizadora, de lucha por el poder (de cambio de status), en las que se producen claros signos de vencedores y vencidos. Cuando estos signos se producen, la agresión, que nunca tienen como misión la destrucción del otro, cesa, excepto en la especia humana, cuando el dominante tiene problemas de autoestima, en cuyo caso, continua, dando paso, sin duda, a lo que es característico de una relación de maltrato, porque el objetivo del empleo de la violencia ya nada tiene que ver con la mejora del status, sino con la falta de autoestima, sin que ésta cese por parte del agresor, convirtiéndose así en un acosador.

En las relaciones de pareja, la forma de acoso, se instrumentaliza con la amenaza al abandono y el chantaje emocional a través del cual se intenta activar los sentimientos de culpa, ignorancia y de obligación de la víctima. En las causas de divorcio además usa a los menores como arma arrojadiza. –– Curiosamente alguna psicóloga de los equipos psicosociales de los que trabajan en el Juzgado de Familia, según consta en un acta de ratificación, quiere desconocer el chantaje emocional como forma de maltrato psicológico, sin que ello sea motivo suficiente para que sea investigada por la Consejería de Justicia de la que cobra su sueldo.

Con lo dicho se entenderá que en una relación de acoso ¡¡NO ES UNA RELACIÓN CONFLICITVA!!, como algunos nos quieren hacer creer cuando juzgan tan ligeramente las dinámicas de pareja. Es !!UNA RELACIÓN DE MALTRATO PSICOLÓGICO!!, donde una de las partes necesita dominar a la otra.

En una pareja se dan tres tipos de dinámicas interpersonales predominantes:

  1. Amor. Positivamente vinculante, produce atracción y facilita la receptividad hacia los demás. La perversión del amor es el odio, y también une. No olvidadlo nunca, pues hay personas que hacen del odio su forma de unión y esto a veces retrasa el divorcio emocional. Ambos constituyen la forma de unirse a la vida. Lo contrario al amor y al odio es la depresión anaclítica (lo más parecido a estar muerto). Por eso algunos prefieren el odio. La proporción ideal del amor en una relación, sería entre 40 y 50 %
  2. La generatividad. Es creadora, estimulante del desarrollo de potencialidades, amplificadora de la existencia y transformadora de lo dado. La proporción ideal sería entre el 40 y el 30 %
  3. Poder. Es organizador, definidor de límites, establece y mantiene separaciones y distancias y maximiza la efectividad personal en detrimento de la ajena. La proporción ideal sería el 20%.

Lo más importante en términos humanos es el amor (te conecta con la vida), seguida del hacer algo juntos (creatividad), y finalmente debe haber un cierto orden (poder).

Cuando las proporciones se invierten, empieza a producirse la perversión en la pareja, siendo, sin duda, la peor perversión aquella en la que predomina el poder de una persona hacia otra. En estas circunstancias, la víctima quiere a su verdugo, porque no le trata tan mal como "se merece". Estamos ante una relación de dominio, no desprovista de afecto, que es lo que retiene al acosado.

¿Por qué para el que ama es tan importante el poder sobre su pareja?. Como decíamos antes, necesidad de autoestima, también más necesidad de seguridad que de amor, envidia y la necesidad de control forman una parte importante del carácter del acosador. El amor es un mero complemento, a veces sólo un instrumento de seducción, captación y sujeción.

El acosador, inicialmente es atento, dispuesto, obsequioso y pendiente (¡todo un ideal de pareja!), para pronto dar paso a los celos, exigencias, limitando a su pareja, criticando a los amigos y familiares de esta, ridiculizando sus habilidades, censurando sus actividades externas ... dos caras de la misma moneda: el empleo del chantaje emocional para conseguir sus propósitos, primero para embaucar y atrapar y después para dominar e infringir maltrato.

Con estas características, cuando algunos aconsejan"a ambos" el diálogo, lo que hacen es facilitar la situación de maltrato. Todo juez que se encuentra ante el terrible dilema de tener que decidir, le gustaría que existiese, y a veces aconseja, el diálogo entre ambos, como forma de resolver las disputas que se le presentan, sin percatarse, de que en las parejas en las que se encuentra instalada este tipo de relación de dominio, la palabra "dialogo" es una carga de oxígeno para el acosador que necesita del diálogo no para aclarar nada, ni para resolver nada, sino sólo para rehacer el mapa de las debilidades emocionales de la víctima, convirtiéndose así la instancia judicial en un elemento necesario del maltrato, al no ejercer el poder para cortar la perversión de esta dinámica. Los motivos de discusión rara vez son reales, sino que son creados por el acosador como medio de mantener viva la conexión emocional a través del conflicto, con su víctima. Cuando no se entiende esto, cuesta trabajo entender que, en este tipo de relación, la firmeza de la víctima sea la clave, en lugar del diálogo. El juez lo que ha de hacer es repartir Justicia utilizando su poder para frenar al acosador, que es lo que la víctima necesita, para que manteniendo su integridad, la víctima pueda liberarse del acoso, no siempre evidente. Al abrir la puerta de la duda, al aconsejar diálogo cuando esta dinámica está instalada en la pareja, se está colaborando con el acosador, porque sin duda éste es el terreno que necesita para seguir acosando a sus víctimas.

Un interés especial merece aquellos casos, dentro de este tipo de relaciones, en los que hay hijos menores de por medio. En estos casos los pequeños son utilizados por el progenitor acosador, contra el otro como arma arrojadiza, algo que parece que no todos los psicólogos quieren entender, a pesar de ser una realidad. La falta de empatía del acosador, permite usarlos sin darse cuenta del daño que hacen a los menores. Algunos creen estar, y así lo dicen, en una guerra, contra el acosado, que vive sin dar crédito a lo que le están haciendo a él y a sus hijos, y hay que decirlo muy claro: sin que muchos jueces y psicólogos de los adscritos a los Juzgados de Familia, por un motivo u otro, se enteren de lo que realmente ocurre. Es cierto que unos mil quinientos procesos judiciales al año, dan poco tiempo para enterarse de lo que ocurre, pero no es menos cierto que el desconocimiento de muchos asusta a los que tenemos más conciencia de esta situación.

Como parte de la dinámica de Alienación Parental, el progenitor acosador (alienador) pretende que el hijo acabe rechazando, e incluso odiando, al otro progenitor (denigrado) sin que éste le haya dado motivo alguno para ello. Conseguir esto no es fácil y para ello necesita programar (adoctrinar) al hijo mediante técnicas de lavado de cerebro. El progenitor acosador o alienador precisa torcer los sentimientos del niño hasta hacerlos coincidir con los suyos. –– En la Audiencia Provincial de Palencia hemos visto una sentencia en la que se confunde este hecho con una perfecta sintonía armoniosa entre madre e hija. ¡Os imagináis la satisfacción de la madre!. También necesita vencer la resistencia inicial que proviene de la ausencia de experiencias negativas con el otro progenitor. En numerosos casos hay que borrar todo vestigio de experiencias y recuerdos gratos con el otro progenitor. El progenitor alienador se marca como imprescindible para conseguir su objetivo, la destrucción de toda posibilidad de contacto y encuentro entre el hijo y el progenitor denigrado. Sin más pretensión que dar algunos ejemplos de comportamientos alienadores podemos citar los siguientes:

  1. Impedir que el otro progenitor ejerza el derecho de convivencia con sus hijos oponiéndose sin razón alguna a una custodia compartida por ejemplo.
  2. Desvalorizar e insultar al otro progenitor en presencia de los niños y en ausencia del mismo.
  3. Ridiculizar los sentimientos de afecto de los niños hacia el otro progenitor.
  4. Premiar las conductas despectivas y de rechazo hacia el otro progenitor.
  5. Prohibir a los hijos que se refieran al progenitor denigrado como papá o mamá, obligándoles a nombrarlo con su nombre de pila, como a un tercero o con nombres despectivos y ridículos.
  6. Aterrorizar a los niños con mentiras con la figura del progenitor ausente insinuando o diciendo abiertamente que pretende secuestrarlos, dañarlos o, incluso, matarlos
  7. Inducir recuerdos falsos que desvaloricen al progenitor denigrado en la mente de los niños. Esto puede parecer ciencia ficción pero está perfectamente documentado. Una madre nos comentaba como su hijo de 14 años, le confesaba que no recordaba cuando ella (la madre) jugaba con el pene del menor, y le preguntaba cuando ocurrió eso.
  8. Implicar al entorno familiar propio (nuevo cónyuge, abuelos...) en el lavado de cerebro de los hijos.
  9. Presentar falsas alegaciones de abuso (físico y/o sexual) en los tribunales para separar a los niños del otro progenitor.
  10. Focalizar la atención de los hijos hacia los normales errores, defectos y carencias del otro progenitor, exagerándolos y negar la existencia de rasgos positivos.
  11. Exigir una adhesión absoluta a la causa y percepciones del progenitor alienador colocando a los hijos ante un conflicto de lealtades.
  12. Intentar cambiar los apellidos de los hijos para que pierdan el del progenitor denigrado.
  13. Cambiar de domicilio, incluso a miles de kilómetros, con el único fin de impedir todo contacto y así destruir la relación del progenitor denigrado con sus hijos
  14. Presentar al nuevo cónyuge a los hijos como el nuevo y verdadero padre o madre, o actuar como si lo fuera, etc..

Esta no es, ni mucho memos, una lista exhaustiva. Las conductas pueden ser muchas y variadas, pero todas responden a un claro objetivo: destruir y evitar la existencia de vínculos positivos entre los hijos y el progenitor denigrado. Estos casos se pueden ver en los tribunales sin que el equipo psicosocial ni el juez parezcan percatarse de ello.

Bajo la presión del programa alienador, los hijos muestran los siguientes rasgos indicadores de maltrato emocional:

  1. Desarrollarán una distorsión perceptiva hacia el progenitor denigrado que les facilitará la coincidencia con los puntos de vista del alienador. Ya decíamos que esto lo consideran algunos como algo positivo entre el progenitor alienador y el hijo víctima del maltrato.
  2. Se verán forzados a negar las propias experiencias obligados a olvidar y borrar segmentos de su memoria, originados en sus vivencias reales, en los que aparecía el progenitor denigrado bajo un prisma favorable. Por el contrario tendrán que considerar como recuerdos realmente vividos por ellos sucesos imaginarios inducidos por el alienador en los que el progenitor denigrado aparece mostrando facetas negativas y odiosas.
  3. Serán sometidos a un neurotizante conflicto de lealtades obligados a odiar al progenitor que necesitan.
  4. Aprenderán formas disfuncionales de comunicación, tanto para tratar con el progenitor denigrado como con el alienador, basadas en la represión de sus sentimientos y en la no exteriorización de los mismos. Aprenderán a fingir y a mentir para sobrevivir.
  5. Se sentirán culpables por anidar sentimientos positivos, de todo punto normales, hacia el otro progenitor.
  6. Tendrán que aprender rápidamente cuáles son las conductas, sentimientos y actitudes referidas al otro progenitor son las correctas y cuáles las no permitidas según los criterios del alienador, reprimiendo su natural espontaneidad y sus propios criterios.
  7. Desarrollarán modos de pensamiento rígidos y dicotómicos, los propios del alienador, que utilizarán para la interpretación de la realidad social.
  8. Aprenderán formas inadecuadas de conseguir el afecto y la apreciación del progenitor alienador: serán premiados mostrando su odio hacia el otro progenitor.
  9. Finalmente, los hijos romperán, injustificadamente, los lazos afectivos con un progenitor plenamente capaz y afectuoso. Perderán el vínculo con una figura de referencia fundamental para su armonioso desarrollo.

En aras de su propósito de conseguir la eliminación en la vida de los hijos del otro progenitor, el progenitor alienador no dudará en comprometer la integridad psicológica y emocional de sus hijos hasta instalar en sus mentes sus propios esquemas disfuncionales y patógenos.

José Manuel Aguilar tiene un artículo estupendo sobre este tema, que os invitamos leáis.

En cuanto a la utilidad o no de los servicios de mediación, la cuestión está clara. El acosador no tienen ninguna intención de servirse de ellos para resolver ningún problema, ya que los problemas, como decíamos antes, no son más que un medio perverso, pero medio al fin y al cabo, de conseguir conexión emocional con el progenitor alienado y denigrado y por otro lado, el acosador no pretende otra cosas que mantener su estructura de poder. Un mediador es una amenaza para esa estructura de poder, y eso no lo aceptará nunca el acosador de buen grado. Es posible que alguno de la apariencia de querer la mediación pero, tan pronto como se empiece a desmontar su juego, será rechazada. Hay casos en los que han estado yendo durante un año a terapia de pareja sin la más mínima intención de cambiar nada, sólo para "ayudar" a cambiar al otro. Por eso cuando vemos alguna sentencia que sugiere este tipo de solución sabemos que no habrá avance alguno, y sabemos que el juez, cuando lo sugiere, es una persona llena de buenas intenciones, pero albergamos todas las dudas sobre la eficacia para resolver el caso. Expresión habitual de estas personas es que ellos están perfectamente, y que es el otro quien necesita toda la ayuda.

Queremos ayudar al menor que es víctima de los deseos perversos de uno de sus progenitores en el intento de denigrar al otro, como consecuencia de la necesidad de seguir manteniendo con el progenitor denigrado una relación perversa de dominio, en los que los menores se vuelven víctimas fundamentales del maltrato al ser utilizados como arma arrojadiza contra el otro progenitor (el denigrado), con la colaboración de jueces y psicólogos adscritos a los juzgados de familia, que con el desconocimiento (real o interesado) por bandera, colaboran quizás por omisión, con la rueda del maltrato a menores, impunemente. Miles de niños más (unos veinte mil) al año pasan a engrosar esa ya enorme lista (unos doscientos mil siempre según consideraciones estadísticas).

Para saber más sobre este tipo de maltrato te recomendamos el libro de José Manuel Aguilar. Estaremos atentos a su próximo libro. Si queréis poder analizar la opción que proponemos para ayudar a vuestros hijos que sufren esta clase de maltrato.

En este sentido resulta curioso los mecanismos que hemos encontrado en la Justicia que permite actuar como elemento necesario de maltrato institucional:

  1. Jueces y psicólogos suelen dar crédito, a la opinión del menor sin evaluar convenientemente el grado de manipulación al que están sometidos. Dudamos que los equipos psicosociales, sepan todos detectarlo, a pesar de que es una de sus obligaciones. La Consejería de Justicia de la CAM no nos ayuda a tener más confianza, con la declinación en contestar cuando le preguntamos sobre la formación de los equipos psicosociales en estas técnicas.
  2. Suelen desconocer cuáles son los síntomas de los menores que están sometidos a la inculcación maliciosa del otro progenitor, y cuáles son los comportamientos concretos de las personas que lo hacen y sobre todo cómo detectarlos. Por si fuera poco, las dos escasas horas que suelen dedicar a los menores y a los padres no dan para poder averiguar mucho (¿mala praxis?). Esta es, en nuestra opinión, una forma de irregularidad, parece que consentida (al menos de facto) por todos: la falta de tiempo para realizar estudios fiables y serios por parte de personas que puedan acreditar una formación mínima en estos aspectos del maltrato infantil. Tampoco sabemos a quién interesa que los estudios sean fiables y serios. Parece que hay un mayor interés en resolver más casos que en resolverlos bien. Tampoco parece que haya demasiado decisión en que los que tienen que solucionar estos problemas estén correctamente formados, al menos la CAM, no se ha esforzado mucho en convencernos de lo contrario ...
  3. Dentro de este escenario, parece que lo menos distorsionador con el sistema actual es no tomar grandes decisiones, ni prestar demasiada atención a estos fenómenos, ya que la mayoría de los ciudadanos entenderá que esto siempre ha ocurrido, y por lo tanto no hay que darle mayor importancia.

No es de extrañar, con todo lo dicho, que nos hayamos encontrado con sentencias en la que, el perfecto alienamiento entre el progenitor alienador y el hijo inculcado maliciosamente para odiar al progenitor denigrado, se señale como un signo de relación "idílica", o de identificación entre ambas personalidades (progenitor alienador e hijo inculcado maliciosamente), o algo digno de admiración, cuando en realidad no es más que la más grande y grosera muestra de culminación de maltrato psicológico a menores por parte del progenitor alienador, con la colaboración de la sociedad que lo permite y en especial con el sistema judicial que muestra inercias incapacitantes para tomar soluciones eficaces en estos casos. Con este tipo de valoraciones se da muestra de falta de conocimientos específicos necesarios para lidiar con este tipo de cuestiones.

Para analizar más en profundidad este fenómeno en el entorno judicial, sugerimos que se lean este artículo de R Gardner. En el podrán ver claramente como son los tribunales los que tienen en su manos la mayor capacidad de resolver la situación, y como por desgracia actúan en sentido contrario al interés supremo del menor tal. Ignacio Bolaños, en la mesa redonda que se celebró dentro del I Congreso de Psicología Judicial y Forense, denuncia esta forma de maltrato institucional a menores.

Mónica C. Belaza se hace eco en El País de estas inquietudes nuestras sobre el maltrato a menores en un artículo de lectura recomendable titulado Padres rechazados por sus hijos Esperemos que este fenómeno social termine calando en las conciencias de aquellas personas que tienen la obligación legal de aliviarlo.

Afortunadamente existen padres y psicólogos (como los de Barcelona y Tarragona) y otros que colaboran con nosotros que conocen el tema, y no tienen miedo (quizás porque no sean conscientes de los peligros que ciertos lobbies pueden acarrearles), en denunciar esta situación hasta que se tome conciencia del problema y se empiece a formar convenientemente a todos los que tienen que tomar decisiones relevantes de los menores que sufren este tipo de maltrato psicológico.

Extractos de Julio Bronchal y de José Luis González de Rivera

La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria, incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder excesivo.
Demoscopia 1995. El País

Última actualización: 04.03.2007