Un adios sin respuesta. En ese momento el padre no sabía que sería la última vez que hablaría con su hija. Después de tantos años, sus hijas son solo un recuerdo. La incompetencia y desidia judicial ha obrado el milagro.
…De hecho minutos después dejar la escritura sonó mi móvil. Nadie se puso al otro lado, pero yo pudo escuchar lo que ocurría en el coche. Regresaban de una película que habían visto en un cine que no sé por qué pensé que era de Mahadahonda. Hablaban poco. A las niñas apenas las oía, y tenía que adivinar lo que decían por las respuestas de su madre. La atmósfera era tensa. Ella las decía que ya veían películas de mayores, y en todo se traslucía un tono de reproche o por lo menos de insatisfacción por parte de las niñas. Al final del trayecto pude distinguir el tono característico de María metiéndolas prisa, porque si llegaban más allá de las 8:30 se quedarían sin cenar. Salieron apresuradas del coche y una mujer las recibió diciendo
- Mira que bien, Paz aquí trabajando y vosotras de paseo
Luego lo que siguió fue el ruido propio de un comedor, voces de niños peleando, cucharas, sonidos indescifrables al fondo, alguien que gritaba “yo la primera”. Finalmente se gastó la batería o el saldo del móvil de María.
Esa llamada me dio ánimo, era un nuevo intento de Lucía (cuando la comunicación se abrió María gritaba a Clara que bajara deprisa porque llegaban tarde, por lo que deduzco que Lucía esperaba sola en el coche e hizo la llamada), como el del primer día, por comunicar conmigo. Interpreté que la resultaba penoso volver a aquel lugar y que me hizo una llamada desesperada. Pero por otro lado me entristeció profundamente al ver mi impotencia para ayudarla en ese sentido, y de ahí me nació una inquietud que ha reaparecido intermitente durante toda la semana, una nueva debilidad que me ha hecho padecer enormemente: la de no ser capaz de ayudarla, la de no estar a la altura de lo que ellas esperan de mí...
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… Por la tarde y de regreso a casa ocurrió una importante novedad. Volví a llamar al móvil de María con la esperanza de que lo cogiera una de las niñas y, por fin, de pronto, lo cogió Clara
- Hola papá
- Hola Clara ¿Dónde estáis? ¿Qué tal estáis? Yo os quiero mucho y me acuerdo mucho de vosotras. Díselo a Lucía también que es quiero mucho. Pero dime como estáis
- Pues mal, porque aquí tienes que ir con prisa a todo, y si no bajas las escaleras a tiempo te quedas sin cenar. Además no nos dejan ver la tele, y para ir a la piscina hay que recorrer un asfalto muy caliente, y dormimos en tres literas, y el cuarto de baño lo compartimos con otra señora. Esto es un centro de esos... Yo quiero ir al hotel de …. pero mamá dice que estamos aquí por una cosa de su trabajo y que tenemos que estar aquí hasta que firme unos papeles...Ella está abajo, si quieres habla con ella ahora te la paso.
- No te entiendo papa…
Enseguida al fondo se oyó la voz de María preguntando quién era y el teléfono se colgó…
¿Sabían los encuestados que en España se condena sin pruebas en cuestiones de género?. ¿Conocían el lado oscuro de la justicia española?.