Esto demuestra que nuestras denuncias son compartidas por profesionales que no venden su profesionalidad a ideología política alguna, incluida la de género, como es el caso de Mª Paz Tejedor. Sus revelaciones son contundentes, Ver hoja 1 y hoja 2, y lo hace en una revista para jueces, ni más ni menos. Pero esta noticia, se produjo en el 2006, y no salió ni en El Mundo, ni en El País, ni en la Ser, ni en la Cope .... sólo en Secuestro Emocional nos hacemos eco de lo que evidencia un fraude masivo judicial de género en el que jueces y fiscales, miran para otro lado cuando se encuentran con una denuncia falsa.
Como muestra de denuncia "sospechosa de falsa" que no se persigue ... tenemos la sentencia de José Luis, en la que se puede intuir que además contaba con ayuda, no sólo de abogados, sino de organizaciones públicas y de otras privadas que sabemos estaban subvencionadas, y cuya colaboración, en otros casos, ha sido determinantes para que los hijos no vieran a sus padres .... Seguimos esperando tener alguna noticia del interés del fiscal por perseguir este tipo de delitos ...
Las afirmaciones que encontramos en este artículo sobre las motivaciones para poner la denuncia falsa son:
Estas afirmaciones dejan clara la existencia de intereses espurios de la que denuncia, lo que invalida la aplicación de la triada del tribunal supremo que permite dar credibilidad al testimonio de la denunciante, ya que esta exige la ausencia de intereses espurios, que quedan perfectamente delimitados en este trabajo. Esto no representa nada nuevo, pero es importante que esté publicado en una revista para jueces. No sabemos de ninguna reacción judicial para perseguir el delito, lo que hace cómplices a aquellos jueces que nos juzgan y por supuesto a fiscales que nos acusan en falso.
En relación con la actitud judicial contra esta plaga de falsas denuncias afirma:
En cuanto a las formas de fundamentar una falsa denuncia, nos dice algo que, desgraciadamente, a más de uno nos resulta familiar:
Todo esto está sacado de la revista para jueces anteriormente citada. Deja muy claro el daño que ocasiona la denuncia falsa, así como la colaboración judicial en esa forma de maltrato de nuestros hijos, sin mencionar la vulneración de derechos fundamentales del denunciado, lo que la convierte, dada la actitud judicial, en un instrumento de persecución de hombres.
¡¡Qué más necesitáis para denunciar y moveros!!. Ya sabemos lo que hacen los jueces, pero tenemos que hacer múltiples intentos para encontrar un juez honrado y valiente, que actúe con verdadera independencia. ¡Seguro que alguno habrá!. Fijaros que se denuncia con datos el maltrato a niños en sede judicial, que se está condenando a inocentes, con pruebas de credibilidad del testimonio que vulneran gravemente los más elementales derechos humanos.
Estamos hablando de una persecución política por cuestiones de sexo, lo que está contemplado como un crimen de lesa humanidad. La esencia: la irracionalidad y la arbitrariedad como la personalidad de Adolf Hitler que construyó una Alemania nazi donde, a igual que ahora, no faltaba la pasividad del pueblo que no se enteraba, o no quería enterarse de la realidad, prefiriendo vivir el delirio de su líder. Armas políticas: la mentira y la propaganda diseñadas por Goebbels, ministro de propaganda nazi. Por supuesto no falta la creación de un chivo expiatorio: los judíos en la Alemania nazi, y el "maltratador" en la España de género. El "amor por la ciencia" también es un elemento común: los nazis buscaban, a través de la genética, la pureza de la raza aria matando judíos, cuya sangre corría por sus venas. Aquí tenemos a doctos en derecho y psicólogos, que lavan sus frustraciones de infancia en los juzgados españoles, con la dulce venganza sobre el género masculino.
Resulta llamativo que Hitler fuera de ascendencia Judía, lo que podría explicar ese odio tan visceral hacia los judíos. Es como los pirómanos bomberos o el caso de Corsi, por eso sería más que interesante saber que esconden estos cruzado del género.
Esta es una realidad que se da en los juzgados y tribunales españoles, una verdad que, por lo que se ve, parece quererse ignorar, pero que ahí está.
Mientras tanto, el fundamentalismo de género niega su existencia basándose en la no constancia, como si la ceguera de un invidente, probase la no existencia del mundo. El caso Ricardi, deja muy claro cómo se actúa en este país cuando se mete a un inocente en prisión: se oculta al interesado la existencia de pruebas exculpatorias, se actúa con absoluta falta de autocrítica alegando que se condenó con todas las garantías, lo que deja las garantías en su sitio: la altura del betún, se busca más un cabeza de turco que a un culpable.
La no constancia de denuncias falsas del Consejo General del Poder Judicial, y las pocas condenas por falsa denuncia, confirma la afirmación del artículo: no se investigan las denuncias falsas.
Como excepción que confirma la regla este caso de Málaga, donde es la policía que las imputa. Sin duda el estamento más decente en el aparato represor de la Administración
La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria, incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder excesivo.
Demoscopia 1995. El País