Lo primero en lo que todos estaremos de acuerdo es que en esta justicia no creen ni ellos, tal como hicieron patente con las dos únicas huelgas que esta casta ha realizado.
En segundo lugar, desde hace muchos años, y de forma constante, nadie cree en la independencia judicial y consideran que están muy politizados. De hecho, la división de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, nadie la sostiene sin sonrojarse.
Además España es el único país civilizado que no tiene jueces procesados por narcotráfico. Todos sabemos que los traficantes de droga corrompen al más honesto. Sus redes de contactos y la cantidad de dinero, sin olvidar otros métodos mafiosos hace que jueces y policía sean blanco de sus métodos. En España desaparecen pruebas, pero no tenemos jueces procesados por narcotráfico, lo que nos lleva a una disyuntiva: o la genética española es especialmente resistente a la corrupción, o esto es un coladero. Que cada uno se apunte a la opción que considere más verosímil.
Los jueces constituyen una casta cerrada y fuertemente blindada. A todos nos juzga un juez y a los jueces también. Es la única profesión que goza de ese privilegio: el de ser juzgado por un compañero compresible con su problemática personal y social. Esto es tanto más llamativo, en tanto y cuanto el delito de prevaricación ha de ser juzgado por un jurado, excepto, así está recogido por la ley, cuando este funcionario es un juez.
Los jueces tienen capacidades paranormales para detectar el lenguaje no verbal, aunque el Tribunal Supremo en dos sentencias recientes la ha liquidado, sin que muchos jueces y de abogados parezca que se hayan enterado. Una excepción es el caso del fiscal de Denia donde la Audiencia Provincial sí conocía esa jurisprudencia.
Los jueces también sacaban de la manga argumentaciones y no argumentaciones para dar custodias compartidas y por supuesto resistirse al clamor social de custodias compartidas. El Informe de Arce y colegas, así lo evidencia, y hace poco, el Tribunal Supremo, así lo hizo ver en esta sentencia modélica.
Además son unas máquinas trabajando. Si haces cuenta de algún juzgado de instrucción de Madrid, como el 49, te salen una dedicación por asunto de entre cinco y diez minutos, lo que da vértigo. Uno se imagina que cuando va al juzgado se va a encontrar a un juez que no para de trabajar, pero no, rara vez se le ve. Dicen que se llevan a casa el trabajo, pero no parece que esa realidad esté amparada por un registro que así lo indique .... Además de dictar sentencias, autos y providencias, los jueces dan clases, porque tanto sabiduría ha de ser transmitida a generaciones posteriores, y además se rodean de jueces en prácticas que aprenden de su juez, que requieren su tiempo, claro. Además ellos tienen horas para formación .... y a pesar de todo, resuelven miles de casos al año. ¡¡Son todo un portento de productividad!!.
La verdad es que las sentencias la dictan sus oficiales, que esos sí que parecen máquinas trabajando cuando te acercas a un juzgado y el juez, para eso está, para firmar. Algo de esto ha sido reconocido por la juez titular del Juzgado de Instrucción 49, con una providencia, que confesó ante el juez instructor del TSJ de Madrid, que la providencia la firmó sin mirar. Creemos que tampoco miraba mucho la sentencia que firmó del caso, pues había errores de bulto. Lo que nos dijeron, extraoficialmente, es que esta práctica es habitual, hasta el punto de que los oficiales están acojonados, porque no saben bien cuanta responsabilidad adquieren, y lo han planeado a los sindicatos que tampoco saben. Por un lado está el hecho de que ellos no firman nada, aunque creen sentencias, lo que en teoría confiere toda la responsabilidad al juez, que realmente no ha redactado la sentencia y por otro lado está el hecho de que al hacerlo habitualmente, pueden estar generando algún tipo de responsabilidad. Lo cierto es que no saben muy bien.
Como prueba indiciaria este correo del Consejo General del Poder Judicial. En el, además de reconocer la incompetencia de la funcionaria interina de turno, como si hubiese llegado allí por arte de magia. En cualquier caso es curioso, porque dice que no "no tiene formación ni experiencia en la tramitación de asuntos penales". Os imagináis a las azafatas de vuelo que alguien dijera que no tenía en el vuelo de aviones Boing 747, o de camilleros que no tienen experiencias en cirugía del riñón .... ¿Para qué necesita una señora que sólo tendría que pasar a procesador de texto lo que la juez le dijera, o lo que la secretaria le dictase saber de asuntos penales ..... pillines, pillines .... que va a ser verdad lo que nos han dicho ..... Si es que lo que pasa en la justicia no pasa en ningún otro sector.
Pero al menos los secretarios parecen que hacen toda una carrera de mentirosos y falsificadores de documentos públicos. Nos referimos, al menos, a las notificaciones de sentencias. La secretaria declaró ante el juez instructor que el condenado era un personaje muy malo, malísimo, y resaltó que fue el único pájaro del mundo, en toda su dilatada carrera profesional, que le hizo leer una sentencia. ¡¡El único!!. La cuestión era que la juez, o quien fuese, escribió una sentencia de condena y el oficial que llevaba el caso, pasó a firmar un papel en el que se recogía que había sido leída la sentencia por el secretario/a. El delincuente, al leer lo que iba a firmar, hizo la observación de la falsedad, lo que le fue notificado a la secretaria que muy puesta ella, dándole la espalda al delincuente a leyó. Pues bien, parece ser que fue el único caso en toda su vida, es decir, que en el resto, parece que falsifica documentos públicos ya que afirma que lee algo que no hace.
A las sentencias parece que les pasa algo parecido con lo de su lectura pública, dicen que son leídas públicamente, y nadie se lo cree, lo que puede convertir a jueces y secretarios judiciales en los mayores mentirosos, por el volumen de casos, si no falsificadores de documentos públicos del planeta. Pero como sabéis los jueces tienen un trato especial.
Finalmente, los jueces son terriblemente imparciales, tanto que sus colaboradores saben a qué tipo de casos son más sensibles y en función del pie de que cojeen, deducen el sentido de las sentencias. Hay determinados tipos de casos que ni caso, otros en cambio .....
Una cosa más: hay jueces locos. Unos detectados y otros ni se sabe. Sí jueces locos, algunos dictando sentencia, otros instruyendo .... Lo dicen ellos mismos en interviu.
La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria,
incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder
excesivo.
Demoscopia 1995. El País