El varón como elemento expiatorio de género. A la caza del hombre.
La Administración Pública Española idea un instrumento que, en su concepción, resulta perverso porque frente a la ayuda que ofrece a la supuesta víctima, siempre femenina, de violencia doméstica, no contempla medidas que pueda permitir defenderse al hombre frente a un usu fraudulento del sistema.
El ministerio de trabajo, junto con la FEMP (Federación de Municipios) han dado un paso revelador del carácter diabólico que inspira las políticas de género. Parece que Vodafone, dispuesta a colaborar .
A bombo y platillo ha anunciado Caldera un sistema de protección para la mujer. Sin duda un avance técnico de agradecer para que aquellas personasa que sientan su vida en peligro, o alguno de sus derechos fundamentales en riesgo, pues sin duda la Administración tiene la obligación de emprender toda las iniciativas posibles tendentes a preservar los derechos fundamentales de todas las personas. En este sentido, tenemos que agradecer el esfuerzo, aunque no se pueda entender que se limite su uso de una manera tan llamativa a los siguientes supuestos:
Que se cuente con orden de protección, parece una forma sutil de incitar a la denuncia, y quizás ni eso, si se lee uno el formulario de solicitud de orden de alejamiento colgada en el ministerio de Trabajo. En él, sin que haya condena alguna, se habla de maltratador y de víctima. Dice textualmente:
¿Tiene el agresor armas en casa o tiene acceso a las mismas por motivos de trabajo u otros?
El número de referencias a la víctima pasa con creces la docena, y todo eso con simplemente rellenar un formulario.
Pero la cosa no queda ahí. Como os decía el sistema es tecnológicamente algo impensable hace 10 años, y significa un ejercicio de eficacia inimaginable para la administración incluida Hacienda. El sistema funciona así:
Así cuando la mujer aprieta un botón el teléfono envía un mensaje que activa la central de alarmas que tienen en la Cruz Roja, donde saben, exactamente, dónde está, y además el teléfono se pone en manos libres, con lo que escuchan lo que hay, avisando a la policía de inmediato. Hasta aquí todo perfecto y toda una maravilla.
Claro que también puede pulsarlo cuando no pasa nada, y activar todos los sistemas de alerta, lo que crea una prueba periférica de que el hombre ha roto la orden de alejamiento, que junto con el testimonio de la chica vale para condenar al varón que en ese momento podía estar a cientos de kilómetros. No es necesario para conseguir la condena que nadie lo vea. A partir del pusamiento del botón, y de una bonita historia, ahora el pobre varón, tiene que demostar, de forma feaciente e inequívoca dónde estaba en ese momento. Clar que podrían haberle dado un cacharrito igual a el, y sería muy fácile hacerlo, peo quizás entonces disminuyera los presos por maltrato y aumentara el de presas por denuncia falsa, y eso es algo que no se pueden permitir, en esta etapa de linchamiento.
También ella puede saber por dónde se mueve, y como las órdenes de alejamiento son del centro de trabajo de la casa y de donde ella pueda estar .... resulta que si por un casual, coinciden o ella hace que coincidad, viene muy bien apretar el botón y hablar con él, porque entonces no le salva ni todos los dioses de todas las religiones juntos.
Pues bien, todo esto, lo que hace es poner de manifesto algo tan sutil com perverso, y es que la doctrina fundamentalista de género seguida por nuestros políticos están derivando unos instrumentos concevidos con un único prisma: hombre malo, mujer buena, no permitiendo que se evidencie lo contrario, lo que termina confirmando la falsa hipótesis, que se conocen con el nombre de creencias autoproféticas. Nada importa dejar indefenso al hombre frente a la forma de maltrato que significa la denuncia falsa. Si importara algo le hubieran dado al varón otro teléfono igual que el de ella, de forma que cuando ella apretara el botoncito poder saber donde está el, porque a lo mejor, ¡quién sabe!, está a cientos de Kms.
Pero conseguir pruebas de maltrato de la mujer hacia el hombre no se lo pueden permitir, porque eso sería poner en evidencia con pruebas la existencia de un uso fraudulento de las medidas de protección, y entonces la realidad judicial cambiaría ya que habría más mujeres en prisión y menos hombres, cosa que políticamente no interesa. Es preferible hacer sufrir una indefensión diabólica al varón, exigiendole un extra esfuerzo para probar que no estaba donde ella dice que estaba.
Pero la cosa no queda ahi. ¿Os imagináis lo util que podría ser que en el centro de monitorización aparciese una alarma de que los dos se aproximan yendo a la catedral de Burgos, que por un casual han decidido ir los dos?. Se podría avisar al hombre (no iba a ser a la mujer, claro), para que se alejara y evitar el acercamiento. Pero eso podría ayudar al varón en su deseo de no curzarse con ella y cumplir con la orden de alejamiento, lo que inevitablemente volvería a traducirse en una disminución de castigos a varones, algo que ya sabemos no conviene.
Algún bien intencionado varón puede estar pensando que tanto gasto para los hombres, bien podría ser considerado por los austeros políticos un gasto inútil que mejor ahorrar. Pues bien, nada impide que con ese espíritu rácano asumido, hacer localizable el propio teléfono del varón, de forma que el costo adicional sería casi nulo. Sólo se incurrirían en costos burocráticos, que seguro serían muy serios, pues siempre se pueden manipular en el sentido que se desee.
Pue señores, he decidido pedir un teléfono de esos para estar localizable y así evitar que me vuelvan a poner otra denuncia falsa de que persigo a mi ex- mientras me encuentro en el trabajo. ¿Me acompañais en el intento?.
Aquí tenéis el formulario de solicitud de orden de alejamiento contra vuestra ex, que solicitáis como condición indespensable para poder acceder al aparatito, ya que tenemos un temor horroroso de que nos pongan una denuncia falsa que afecte a la integridad moral de vuestros hijos, o de que perdáis el derecho a la libertad, dada la credibilidad del testimonio que se concede a la mujer.
Sin duda la perversidad fundamentalista de género inspirada desde el gobierno, la tenemos muy instalada en la Justicia.
La justicia es lenta, ineficaz, arbitraria,
incoherente, discriminatoria con los acusados,
abusiva, en el uso de la prisión preventiva y depositaria de un poder
excesivo.
Demoscopia 1995. El País
Última actualización: 25.04.2007